Vicky, los novatos y la llovizna

Hacía un viento frío y lloviznaba de forma filosa. No llevábamos suéter. Temblábamos un poco. Cada uno de mis compañeros pensaba a quien quería abordar pero los nervios de novato nos inundaban. Mónica decidió separarse y seguir su camino; Daniel y yo, después de un rato, nos aventuramos a acercarnos a una chica que había llamado mi atención desde que llegamos. Era Vicky... Por: Shaula Loaiza Su piel era blanca y estaba empanizada por un maquillaje a un tono aproximado con su piel. Su nariz era como una zanahoria, aunque pequeña. Su cuerpo era delgado, fumaba y tenía un café de esos que venden en los carritos. Apenas la abordamos nos invadió con historias a medias que surgían como ríos que salían de su boca color carmesí. Vicky esperaba a una amiga para que la acompañara a tramitar su INE. Tenía problemas con el papeleo porque debido a su profesión de estilista ha perdido sus huellas dactilares. Nos mostró sus dedos que parecían los de un muñeco, sin líneas y con restos de tinte en las uñas. Comenzó a hablar de su familia, dijo vivir en Tepito y trabajar ahí.

De juergas y de líos amorosos

–Vicky, ¿sales a divertirte? –¡Uy sí! Todos los fines de semana voy a Los Pollos aquí en Bucareli. Puro desmadre. Es que me gusta bailar mucho, nada de reggaeton y esas cosas, yo pura salsa. Nada más que el otro día fui con una amiga que no sabe comportarse. Yo digo que una siempre debe ser fina. Ese día llegaron unos federales de esos que están aquí por Gobernación. Me dijo uno de ellos que le gustaba a uno de sus amigos y yo le dije que me invitara a bailar. Ya después me estaba besando hasta las chichis.
La calle Bucareli. Cortesía por La Crónica de Hoy.
La calle Bucareli. Cortesía por La Crónica de Hoy.
–¿Apoco sí hay mucha banda que está casada, tiene hijos y… –¡Uy sí, un montón! Yo duré con uno 7 años, también era federal. Le iba rebien al cabrón. Su esposa me llamaba y me decía de cosas, hasta que un día me cansó y le dije que era hombre, que su esposo era puto. Se puso peor, me insultaba un montón. –¿Estabas enamorada? –Sí, la verdad lo quería mucho. Ha sido al único que mi mamá ha aceptado. Le decía yerno. Los ojos de Vicky se van, huyen al mundo de los recuerdos. “Un día se desapareció, dejó de buscarme”.

Vicky futbol y pasión en Tepito

En la familia de Vicky aceptan sus preferencias aunque con sus reservas. A su mamá no le gusta que se vista de mujer, aunque no le molesta que tome hormonas para desarrollar sus senos. Y en el barrio de Tepito hace unos años maltrataban a los gays, los insultaban y eran acosados. Actualmente hay una mayor tolerancia y respeto, cuenta Vicky. –Yo juego futbol soy, parte de Las Gardenias. Jugamos ahí en el Maracaná. Se pone rebien, puro relajo y a la gente eso le gusta mucho.
Vicky bailando. Cortesía de Pravia
Vicky bailando. Cortesía de Pravia
La chica de las manos sin huellas habló también de una pareja que tuvo con la que padeció violencia. Un día el Moreno, que no entendía que lo suyo se había terminado, fue a buscarla a la estética, y aunque ella se quiso escapar por la Fortaleza, la vecindad más emblemática de Tepito, el Moreno le dio una golpiza que le dejó algunas marcas, como la cicatriz de la mordida que le quedó en su cara, marcada también por los implacables pasos del tiempo. Vicky le otorgó el perdón a su amante, quien de no ser así habría pasado unos buenos años en la cárcel por intento de homicidio. No se ven restos de rencor en su mirada, sólo a veces se aleja, como para atrapar el momento justo en el que pasaron.

¿Sexo y estilismo?

Mi radar de peligro se enciende un poco cuando un tipo, que parece totalmente perdido se acerca justo hacia mí. Me pide la hora. Le muestro que no tengo reloj y en automático se sobresalta. Maldice y se aleja. Vicky reacciona a la tercera potencia y lo insulta. –¡Lárgate de aquí mugroso, es mi sobrina! ¡Un putazo en la cara y te mando a la chingada! Se reincorpora, sonríe y ofrece un cigarro como para calmarse. Momentos después llega Tania, amiga de Vicky. Un travesti como de su edad, poco más de 50, llega a paso lento con andadera. Tiene un aspecto un poco aterrador, una mirada dura, una sonrisa sospechosa, una calma cargada de seguridad. Pelo negro y lacio. Facciones de indio piel roja pero con piel morena. Nos levantamos todos para saludarla. Seguimos la conversación que a ese punto se siente a toda confianza. Otro tipo llega. No pasa de 20 años, le da la mano a Tania y parece negociar con ella. Mientras tanto Vicky alardea de sus jóvenes amantes de otros estados de la República, la mayoría, dice, son casados. –¿Por qué crees que se casen con mujeres y después busquen experiencias con hombres? –Para probar y luego les gusta. “Para que se las chupen otras bocas”, revira Tania entre risas. –¿Ustedes se ven seguido? –Sí, casi diario nos venimos aquí a chismear. Ya si nos sale un cliente, pues nos vamos. “Uno que pague el hotelito”, dice Vicky. Yo quedo confundida. Ya no sé si a parte de estilista, Vicky se dedique a la prostitución.  

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