Tianguis Cultural del Chopo: ¿Adiós a la contracultura o bienvenida la diversidad?

Por: Tania Juárez

Dicen que “el diablo sabe más por viejo que por diablo…” y no es porque sea tradición recurrir a las personas mayores para adquirir conocimiento, en algunas ocasiones saben más que los jóvenes o por lo menos la sabiduría adquirida por su época les servirá a quienes viven nostálgicos por el hecho de haber nacido en la fecha equivocada e intentan conciliarse escuchando anécdotas ilustradas con fotografías y música sobre sucesos irrepetibles.

En esencia esto es lo que se produce en el Tianguis Cultural del Chopo, cada sábado cual si fuera un acto religioso, acuden cientos de jóvenes deseosos de encontrar objetos e historias de antaño relacionadas con su pasión: la música. El Chopo se ha constituido como el lugar idóneo para los rockeros de corazón e intenta preservar este atributo.

El intercambio cultural es lo primordial, y con ésta idea el 04 de octubre de 1980 se inauguró la tradición de asistir al famoso tianguis; se juntaron más vendedores cuyas características principales era ser coleccionista, conocedor del rock y sus variantes, además de tener artículos únicos en su especie, se agregó la presentación de música en vivo y fue cambiando de sede hasta llegar a ubicarse a un lado de la Biblioteca Vasconcelos entre las calles Sol y Luna de la colonia Guerrero.

No sólo cambió de sede, con el paso de los años se ha notado la transformación, me refiero al cambio de siglo y la música o modas que trajo consigo. Entre sus pasillos aún se vislumbran camisetas de color negro con logos de bandas consideradas clásicas, y la pasarela de jóvenes pertenecientes a diferentes tribus urbanas, pero ahora quienes asistían en su inicio vienen acompañados de sus hijos sobre los hombros o tomados de la mano intentando  heredar la tradición.

Ernesto Juárez quien lleva 33 años trabajando ahí, defiende la idea de que sigue siendo un punto de encuentro entre coleccionistas, “no está en decadencia sólo cambió”, pero el cambio de siglo hizo lo suyo, los grupos que tocan en vivo acaparan la atención actualizándose en los géneros que han ido surgiendo, “unos se van reforzando, como los grupos que les gustaban desde antes”, en su puesto destaca la discografía de The Beatles, el Disraeli Gears  de The Cream y empolvado se puede notar un LP de Deep Purple.

Desde que era pequeña visitaba este famoso tianguis para encontrar artículos de las bandas de mi preferencia y de todo el arte que alojaba el lugar: cine música, literatura, todo esto de corte contracultural, ya que criticaba a las buenas costumbres de la sociedad; la exclusividad era lo mejor que tenía por eso era ideal para los jóvenes, se supone que cualquiera en plena adolescencia está vinculado con músicos como Bob Dylan, Led Zeppelin o el rock progresivo; lee a Jack Kerouac, William Burroughs, Pármenides García o José Agustín, ya que se comparte el mismo deseo de rebeldía, el idealismo prevalece en nuestros pensamientos y la desobediencia y critica a lo establecido se convierte en un hábito.

Pero no es así, la cultura cambió, y los adolescentes de los setenta no tienen punto de comparación con los del dos mil, yo formo parte de esto aunque me niegue a aceptarlo. Es irremediable que desde hace algunos años quienes representaron un festival de música en Ávandaro ya no se encuentren ni en el imaginario colectivo dentro del tianguis, sólo las personas con cabello grisáceo (las más confiables a la hora del trueque) tienen escondido entre sus pertenencias algún LP de Peace and love o La revolución de Emiliano Zapata; porque ya no lo buscan o son joyas difíciles de encontrar.

De boca en boca se conformó el único festival nacional inspirado en Woodstock, destacando la música del rock chicano en el que abundaba la protesta y la contracultura se hizo presente que frente a la incomprensión, los prejuicios de la sociedad conservadora y masacres que antecedieron, el festival se realizó y formó parte de la historia de miles de jóvenes que asistían al Chopo en la búsqueda de rememorar aquél evento con el arte que surgió tras éste.

Los chavos ataviados con botas largas, jeans desgarrados, camisetas negras, y sus cabellos levantados como escobeta el cual se ha ido bajando cubriendo media parte del rostro, pasando del punk al hardcore, ahora están en peligro de extinción y con ello toda la era que conformó el arte contracultural.

Asistir al Chopo ya no es toda una festividad, supongo que hay quienes comparten mi punto de vista, sobre todo los nostálgicos y quienes sí vivieron esa transición en la que ya es difícil conocer gente afín a tus gustos. En muchos puestos venden camisetas del popero que enloquece a las más jóvenes del siglo XXI, Justin Bieber y artículos de un género musical proveniente de Corea que ha inundado la cultura del país, el K-pop, hay posters de estas agrupaciones conformadas por jóvenes que lucen afeminados y uniformados con trajes de gala y a unos pasos del lugar un grupo de chicas fanáticas tratan de imitar las coreografías que acompañan la nueva ola de música asiática dejando claro que en el Chopo hay diversidad, aunque el motivo principal de la asistencia ya no sea únicamente el rock.

“Seguido vienen y me la hacen de jamón”, dice Marcos un coleccionista y vendedor que se coloca en el tianguis de la Guerrero desde hace 20 años; la gente se ha apoderado de los puestos y como él, quienes siguen conservando el intercambio de acetatos deben cuidarse del resto de los vendedores: “No puedo bajar mis discos porque vienen y me levantan los que se acaban de establecer”.

Aproximadamente desde las 11:00 de la mañana debe cargar una caja de plástico donde ordena sus discos, destacando el álbum doble de Pink Floyd: The Wall, junto a otros de los pioneros del Chopo se van rezagando porque “las nuevas generaciones ya no conocen el LP” y no pueden colocarse entre los pasillos; al final del Tianguis pocas personas acuden a hacer un canje o tan sólo observar los discos originales y ediciones especiales que Marcos y sus compañeros tienen entre sus pertenencias.

A finales de los ochenta se presentaron: Los héroes del silencio, El Tri, Caifanes y grupos de rock nacional que eran famosos en la época, ahora el hardcore domina el terreno musical y se toma como un subgénero del rock bandas que representan el estilo son quienes se presentan ahora, “los chavos sólo vienen a cotorrear y escuchar música por eso hay que actualizarse, porque se está perdiendo el espíritu del trueque en este tianguis vanguardista”, comentó Leonardo Fontanel unos de los ocho pioneros que aún prevalecen en el Chopo.

Como en los tianguis de cualquier comunidad se vende: fruta, helados, y ya no resulta extraño que las garnachas, tacos de canasta o micheladas sean parte de la venta, llama la atención la parafernalia, el ritual; ahora creció más y ha brindado oportunidades de trabajo debido a la diversidad cultural. Se implementó la seguridad porque la delincuencia también entró al ritual de cada sábado, “los diferentes mandos se preocupan por la juventud”, dice Antonio Zavala policía que cree que la seguridad es la principal diferencia del tianguis del ochenta al del siglo XXI.

Carlos Monsiváis escribió en Los rituales del caos que: “En el Tianguis del Chopo cada rola no es parte de una atmósfera, sino la atmósfera misma, la vibración en estado puro”, por lo visto con sus diversas transformaciones no sería sorprendente escuchar una canción de Taylor Swift inundando la atmósfera del Tianguis cultural del Chopo.

La nueva cultura ha invadido este lugar tan preciado por los melómanos, y quienes llevan trabajando ahí desde su inicio a finales de los setenta han notado la transición radical desde el cambio de género musical rock, pop, hardcore o k-pop y el surgimiento de nuevas tribus urbanas de los jipitecas a los emos pero conserva la unión, convivencia y quizás nunca pierda el sentido del intercambio sólo evoluciona el tipo de colección y la diversidad existente en la sociedad que en el Chopo siempre tendrá lugar.

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