Roger Waters: reviviendo lo mejor de Pink Floyd

Por: Tania Juárez

El muro se derribó, no hubo divisiones; en un concierto gratuito, el lugar se define por la hora de llegada, dejando de lado aspectos como la situación política o económica, sin lugar a preferencias; la espera llegó a su fin en la última semana de septiembre con las actividades de Roger Waters, quien ofreció dos conciertos en el Foro Sol, firma de autógrafos, presentó en la Cineteca Nacional, el documental: The occupation of the american mind: Israel´s public relations war in the United States, y el más esperado por muchos para inaugurar el mes de octubre, el concierto gratuito en el Zócalo.

Identificando la entrada y órdenes para llevar el concierto en paz, decenas de personas caminaban rumbo al Zócalo con camisetas negras portando el logo de la banda Pink Floyd o de otros íconos del rock, como: Led Zeppelin, The Who, Jimi Hendrix y del propio Roger Waters. Desde un día anterior y temprana hora del sábado llegaban los asistentes, la fila terminaba por metro Pino Suárez, y conforme avanzó el día se tuvo registro de que la gente se formó cerca de metro Balderas.

Este orden en la fila para ingresar importó poco, el respeto por quienes llegaron un día anterior, en la madrugada o habían viajado por más de cinco horas para estar en ese punto, se perdió. Un grupo de jóvenes, aproximadamente a las 10:00 am gritó que se metería a la fila y así se desató la rebeldía y descontrol. Muchos por la emoción del concierto y la euforia corrieron sin parar, desde ese momento comenzaban a corear y representar inconscientemente una de las canciones que conformaron el set list: Run like hell, no importando si afectaban a terceros, perdían sus pertenencias o  acompañantes, “será mejor que corras como el demonio”, para obtener un lugar privilegiado durante el evento y poder ver de cerca a uno de los integrantes de Pink Floyd.

Al acceder a la plancha del Zócalo luego de pasar las revisiones de seguridad, comenzó el sacrificio para los que madrugaron, esperar 12 horas hasta el inicio del evento: algunos sin comer, tomar agua o ir al baño, en posiciones incómodas y con el rayo del sol quemando la piel y la ropa sin un poco de sombra para cubrirse, o gotas de lluvia que refrescaran; pero a nadie le importó la afectación a su organismo, cual si fuera un acto religioso, aunque en éste quien fungiría como Dios, considera que “todas las religiones dividen”, sin embargo, el fanatismo se asemeja con este acto.

Cerca de 200 mil personas asistieron, nadie se quería perder del evento, gente de distintos lugares de la República e incluso países colindantes como Estados Unidos y Guatemala, viajaron con la intención de apreciar al precursor del rock teatral. La música que fue marginada y prohibida en la década de los setenta, el sábado primero de octubre se liberó para todos; conocedores de todo su catálogo musical y quienes sólo iban a escuchar la más popular: Another brick in the Wall.

A las 4:30 de la tarde cuando el revisar el reloj y ver que al parecer el tiempo no pasaba, de lejos los gritos ensordecedores rompieron la rutina y avizoraron a los miles de fanáticos ya congregados que algo interesante estaba pasando; un hombre con playera negra, jeans azules y el cabello grisáceo se acercaba al proscenio del escenario, era Roger Waters, salió a saludar como muestra de gratitud ante quienes llevaban horas bajo los rayos del sol.

Fueron tan sólo unos minutos pero era como un aliento para seguir de pie en la espera de lo que sería un gran concierto como lo hizo en el Foro Sol. “Este día pasará a la historia”, fanáticos y otros asistentes lo decían mientras compartían sus experiencias sobre antiguos conciertos y se referían a la edad del artista, la cual no le permitiría regresar a dar otro concierto, quizás era el último y nos queda la sensación de que sólo él puede revivir a través de la catarsis que produce su música, la energía de toda una época.

Es cierto Roger no es Pink Floyd aunque siga tocando sus discos, pero para quienes amamos el rock and roll, nos conformamos con escuchar a un integrante pues la mayoría de las bandas que formaron el rock, ya no existen, se desintegraron o algunos murieron.

En 1981 se produjo el espectáculo de rock más ambicioso de la historia, se trataba de la presentación de The Wall, de la agrupación británica Pink Floyd, uno pensaría que a más de 30 años de aquél épico momento, ese suceso sería reemplazable fácilmente debido a las nuevas tecnologías; pero la entrega y pasión implícita en la música que acompaña el escenario es inigualable; eso es Pink Floyd los reyes del rock teatral, quienes conformaron el mejor espectáculo y pese a su desintegración, Roger Waters, uno de sus principales integrantes sigue dejando un buen sabor de boca, cada que se presenta en algún lugar, lo hizo en el Foro Sol dos veces y lo logró en el Zócalo, pasando a la historia como uno de los mejores conciertos.

Desde el inicio de Pink Floyd con el album The Piper at the gates of dawn y Syd Barret a la batuta, los críticos sabían que estas canciones ya no se trataban de hombres que conocían a mujeres; el dinero, guerra, tiempo y la locura fueron temas principales. Además la crítica ferviente hacia el consumismo y la sociedad capitalista, lo cual de nuevo hizo su aparición reflejado en temas sensibles para el país: las desapariciones forzadas y la humillación del candidato republicano Donald Trump hacia los migrantes.

“Yo estoy muy feliz de estar aquí, la última vez que toqué aquí en México, conocí a algunas familias de los jóvenes desaparecidos, sus lágrimas se hicieron mías, pero las lágrimas no traen de vuelta a sus hijos.

Señor presidente, más de 28 mil hombres, mujeres y niños, han desaparecido, muchos ellos desde el 2012. ¿Dónde están? ¿Qué les pasó? El no saber es el castigo más cruel. Toda vida humana es sagrada, no sólo la de tus amigos, señor presidente la gente está lista para un nuevo comienzo es hora de derribar el muro que divide a los ricos de los pobres. Sus políticas han fallado, la guerra no es la solución, escuche a su gente señor presidente, los ojos del mundo lo están observando.”

Este discurso fue pronunciado en el Foro Sol y por la crítica hacia el gobierno se creía que en el Zócalo lo omitiría, pero no fue así, todos gritaban al unísono: “Fuera Peña” y el conteo hasta llegar al 43 y exigir justicia, las luces de Palacio Nacional se fueron apagando poco a poco y aunque probablemente el británico tenga repercusiones luego de este hecho, habló en nombre de todo un país afectado, que no se atreve a pronunciar estas palabras.

Faltarían más de tres espectáculos para abarcar toda la discografía de Pink Floyd, pero en esta gira Roger reconstruyó lo mejor de la banda que inauguró una nueva generación que creía que el rock no tenía límites musicales y visuales: desde el Dark side of the moon cuyas canciones duraderas lo catapultaron como uno de los mejores discos de la historia, Wish you were here, Animals y The Wall, una perspectiva sobre la vida del bajista y el más conocido entre los amantes del progresivo.

El setlist no cambió, las imágenes y discursos, incluyendo el atuendo de Waters, pero en el Zócalo la energía se percibía distinta, a cualquier lugar donde voltearas las lágrimas de emoción abundaban, gritos y todos coreando cada una de las canciones como si nuestras voces formaran parte del show; paradójicamente en este concierto gratuito iban los verdaderos fans o apasionados de este tipo de música, eso era evidente.

La caótica Ciudad de México, vuelve a la normalidad, la euforia pasó pero para los afortunados que estuvieron en alguno de sus conciertos, saben que jamás encontrarán a un personaje que se tome un espectáculo tan serio como él, en cualquier aspecto. Concluyó con un gran éxito del disco The Wall: Comfortably numb y la esperanza de que algún día regresé  para llegar a la catarsis que en conjunto produce el espectáculo.

“El tiempo se fue, la canción terminó, pensaba que tal vez diría algo más.” fragmento final de Time, Dark side of the moon.

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