Poe y su locura oculta, pero no tanto

Poe y su locura oculta, pero no tanto

Por: Mariel Huerta

Siempre he sido algo ansiosa,  pero hoy lo estoy más, pues leí El corazón delator de nuevo y otra vez me siento peligrosamente identificada con el narrador del cuento de Edgar Allan Poe. No, no me volveré loca (creo), pero es que, con pocas palabras, Poe logra siempre que quien lo lea, cuando sea que lo haga, caiga en la cuenta de las verdades más perplejas. Que nos auto traicionamos, que el tiempo nos persigue, que nos asustan las miradas, que nos paramos sobre los corazones de otros, que los locos no saben que lo están…

Edgar Allan Poe, escritor y poeta estadounidense y maestro del relato corto, publicó El corazón delator en el periódico The Pioneer en 1843, apenas después del llamado Pánico de 1837, la crisis económica en Estados Unidos cuyos efectos se extendieron durante cinco años.

El panorama de desempleo e incertidumbre que enfrentaba Estados Unidos en ese tiempo, además de los incesantes cambios económicos, políticos y sociales que inundaron al mundo en el marco de la Revolución Industrial, fueron, entre otros, algunos de los factores que causaron que la obra de Poe fuera impregnada de misterio, temor, soledad y duda.

En El corazón delator (A Tell-Tale Heart), uno de los cuentos convertidos en clásicos de Poe, el narrador relata su obsesión con el ojo enfermo de un viejo, un “ojo de buitre”,  el cual desencadena su plan para asesinar al anciano y terminar con la perturbación que lo atormenta todos los días.

La historia carece de explicaciones, pero no las necesita. El valor del cuento está, sin duda, en la precisión de los detalles de Poe. La narración de cómo una persona lidia con sus propias obsesiones no podría ser más precisa. Los detalles , además, delatan la locura que el narrador tanto niega en sí mismo.

“No exagero al decir que, por lo menos, necesitaba una hora para poner toda mi cabeza por la abertura y ver al anciano acostado en la cama” (p. 70). “La abrí cautelosamente, tan furtivamente, como no podrán imaginárselo, hasta que, al fin, un único y pálido rayo, como un hilo de telaraña, salió por la ranura y descendió sobre su ojo de buitre” (p. 71).

Éste es un cuento de confusiones: entre la locura y la cordura, la paciencia y la impulsividad, la confesión y la explicación, lo real y lo que es producto de la imaginación.

Éste, también, es un cuento en donde la complejidad y el terror no residen tanto en las acciones y en el desarrollo de la historia, sino en los demonios volcados hacia el interior de un personaje atrapado en sí mismo.

El cuento me perturba, porque me asusta la idea de que la locura pueda esconderse tan bien en los detalles, que pueda ser tan silenciosa. La locura se disfraza como sonido del reloj, rayo de luz sobre un ojo, latidos del corazón sin vida.

Me asusta, también, el saber que cada quien tiene sus obsesiones, una manera de lidiar con ellas y, tal vez, cierto grado de locura oculto en sus propios detalles.

Edgar Allan Poe no sólo abordó a la locura en su obra, sino que se confesó, la abrazó y aceptó. Aún a más de 170 años de la publicación de El corazón delator, leemos los cuentos y poemas del autor y nos damos cuenta de que estaba  claramente perturbado, como todos.

Siempre he sido algo ansiosa. Siempre me siento peor al leer a Edgar Allan Poe. Siempre regreso por más.

Allan Poe, Edgar. Complete Tales (3ª edición, 2012). México. Traducción: Luis Rutiaga y Marcela Altamirano, pp. 679.

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