Pequeña gran diferencia

Irma Luján

    Aunque pareciera que nada tienen en común personajes como Thomas Alva Edison y Adolfo Hitler, tienen una coincidencia que hace la gran diferencia entre ambos: la gran influencia que tuvieron de sus padres para que fueran lo que fueran e hicieran lo que hicieran. El primero nació en Milan, Ohio, el 11 de febrero de 1847. El segundo nació el 20 de abril de 1889, en Braunau am Inn, Austria. Ambos dejaron huella en la historia de la humanidad, pero lo hicieron de una manera muy diferente.

   Thomas Alva Edison ingresó a la escuela a los ocho años y medio, pero sólo duró tres meses porque en la escuela su maestro lo tachó de “estéril e improductivo”, algunos más dicen que lo consideraban con retraso mental, pero su mamá no aceptó el veredicto lapidario de su instructor, y ella misma se hizo cargo de la educación de su hijo, dándole la formación elemental y proveyéndole de libros de ciencia, especialmente de física. Iniciándose así la carrera de un gran inventor.

  Por otro lado tenemos a Hitler, quien tenía un padre alcohólico que lo golpeaba constantemente. Jhon Toland, uno de los biógrafos del dirigente nazi, narra que Hitler le  comentó a su secretaria que cuando era azotado por su progenitor, llegó un momento en el que  tomó la decisión de no llorar nunca más, y que pronto tendría la oportunidad de poner a prueba su voluntad. Y mientras su madre asustada se escondía tras la puerta, él contaba silenciosamente los golpes que le daba su padre.

   Thomas Alva Edison comienza a trabajar a la edad de 12 años vendiendo periódicos en el tren que hacía su recorrido entre Port Duron y Detroit, y en su tiempo libre hacía experimentos con distintos aparatos mecánicos y eléctricos. En tanto que Hitler deseaba ser pintor e hizo una prueba en la Academia de Bellas Artes de Viena, en septiembre de 1907, pero la calificación que le dieron fue de  “claramente no apropiado para pintor”, de hecho algunos han afirmado que el profesor que le dio este veredicto era judío, y este rechazo marcaría fuertemente su vida.

   Así que desde las etapas de formación, en su niñez, se observa una gran diferencia de como son tratados y educados ambos personajes. Por un lado tenemos a la madre de Edison que no se rindió, que creyó en su hijo y le instruyó. Mientras que la madre de Hitler era considerada como una mujer débil, incapaz de defenderse así misma y  de proteger a su hijo de las golpizas de su padre, y también dejó ver su falta de carácter al permitir que Hitler abandonara la escuela.

  Edison aprendió de su madre el no resignarse con los primeros veredictos, el no rendirse tan fácilmente, de hecho se dice que cuando creo la  lámpara eléctrica, lo logró después de muchísimos intentos y al final simplemente dijo: “no fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”. En contraste, aparentemente Hitler no tuvo quien lo guiara y ayudara a asimilar aquella negativa para entrar a escuela de artes, dejándolo frustrado, y esto, aunado con otros acontecimientos que marcaron su vida lo llevaron más tarde a una tiranía brutal.

  Mientras Hitler fue promotor de los campos de concentración, en la Segunda Guerra Mundial,  Edison fue el fundador de la importante empresa Edison General Electric Company, en 1890. A Hitler se le achacan la muerte de alrededor de tres millones de personas en el holocausto, siendo considerado uno  de los genocidas más atroces que registra la humanidad. A Edison le atribuyen el registro de más de 1100 patentes y es considerado como uno de los inventores más importantes de la historia.

  Ningún genio o malhechor nace de la noche de la mañana, no es una obra de la casualidad, ni un golpe de suerte. Tras la vida de un gran personaje normalmente hay la presencia de buenos padres o tutores. Pero tras la vida de un delincuente comúnmente está la ausencia de una buena guía, y la carencia de la instrucción, motivación y principios.

  Un genocida como Hitler no nace, se hace. Y esto nos debería  llamar la atención en medio de tiempos tan violentos como los que estamos viviendo, no se debe perder de vista que las grandes ideas y las mentes criminales se empiezan a formar en casa, que es ahí donde se pone el fundamento para una buena educación de los hijos, que más tarde se verá reflejado en una sociedad con principios, con valores que no caducan sino que siguen y necesitan estar vigentes en estos tiempos.

  Hay un abismo entre aquel que calificaron de “improductivo y estéril” y pudo terminar con más de mil inventos patentados, y otro que calificaron de “no apropiado para pintar” y terminó siendo uno de los villanos más terribles de la historia, tan es así que alguien comentó “mejor lo hubieran dejado pintar”. Sí, una de las pequeñas grandes diferencias fue la educación que recibieron en casa.

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