Orejas y rabo para La México

Yarek Gayosso

Hace 67 años se abrió la puerta de toriles de la Monumental Plaza de Toros México, vestido de luces y con las zapatillas sobre la arena  Luis Castro El soldado esperaba al primero de la tarde El Jardinero de San  Mateo. Acompañado en el cartel por Manuel Rodríguez Manolete, aquel torero Español que evolucionó el arte de la muleta e hizo suyo el pase de Manoletina por llevar el nombre del diestro y Luis Procuna se convirtió en aquella tarde en  el primer torero mexicano en cortar una oreja.

La México, la plaza de toros más grande del mundo, ha visto como el miedo se ha convertido en entrega y como los toreros dibujan una cruz en el aire para llenarse  de divinidad, quizá para entregarse a la muerte.

Envueltos en el capote de paseo, bordado con imágenes religiosas, saben que nada está escrito y ruegan por que la suerte no los traicione. Plantado en el ruedo Silverio Pérez se quita la montera y dedica la faena al público, cita al toro y da los primeros quites, lidia en la que se le concedió el primer rabo. Eulalio López El Zotoluco se prometió no volver a pisar la plaza, pero sigue bajo el embrujo de la muleta. Para banderillas Uriel Moreno El Zapata con el paso del imposible espera al toro hasta el último momento para hacer la ejecución.

José Tomás, realiza la faena cerca del toro, sujeta la muleta por detrás de la espalda y hace la Manoletina, no comparte cartel con Enrique Ponce quien se arrima a los cuernos, enlaza varias Verónicas suaves, elegantes para después adornarse con  dos Chicuelinas maravillosas con los brazos a la altura del pecho.

Julián López EL Juli llena la plaza, se pone de rodillas para recibir al toro, se levanta y va a embestirlo.  Manolo Mejía y José Mauricio hacen el quite juntos, cada quién con un capote en la mano. Arturo Macías parece haber quedado en una promesa del toreo mientras que La Monumental vio a Hilda Tenorio tomar la alternativa y salir a hombros con una oreja en la mano. Sebastián Castella indultó al Guadalupano de Teófilo Gómez quién se dejó conquistar por la muleta, Castella  llevó a la máxima expresión el toreo, se abalanzó sobre el toro simulando la suerte de matar y salió por la puerta grande.

Diego Ventura con Morante y Pablo Hermoso de Mendoza con Cagancho ejecutan el rejoneo de diferente manera, pero ambos ponen de pie a la Plaza México. Pablo es la figura del rejoneo, el único que ha cortado el rabo en una faena. El caballo confía en su jinete y se funden para embestir al toro.

La México fue testigo de cómo El Juli conquistó la plaza y estremeció al público; una faena que pasará a la historia y que rebasó los límites de lo imaginable. Pases llenos de belleza y fantasía que salían de su sensibilidad.  Un toreo de maestros al que sólo los grandes como él pueden llegar. A una sola voz de toreo, toreo La Monumental aclamó a Julián. La plaza más grande del mundo fue testigo de cómo aquella tarde El Juli se convirtió en toreo.

67 años de historia se reúnen en la Plaza de Toros México, nombres y triunfos saltan al ruedo. Indulto y arrastre lento para el toro; orejas y rabo para el torero.

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