No somos superiores

No somos superiores

Por: Tania Juárez

El color marrón llamaba la atención, era inevitable no voltear a verla en una exposición de fotografía donde predominaban el blanco y negro, se trataba de un orangután con cuerpo robusto y cara alargada, sin embargo, la majestuosidad del primate no se apreciaba por completo, debido al contexto en que fue capturada esa fotografía.

Su postura denotaba agresividad, con sus largos brazos y patas se sostenía con fuerza de las ramas de un árbol y aunque la expresión corporal acentuaba el ataque, la emoción era distinta, su mirada expresaba tristeza, coraje sí, pero también sufrimiento pues valiéndose de sus propios recursos intentaba defenderse para así evitar ser molestado o extraído de su hábitat.

En cada retrato la tristeza progresaba, otros orangutanes en cautiverio, detrás de las rejas y algunos cargados con una carretilla, por último un rescate de la ilegalidad que existe en tener a este tipo de animales como mascotas.

Éstas fotografías forman parte de la colección de Tim Laman, quien ganó el World Press Photo, en la categoría “Naturaleza”, cuyas composiciones ayudan al entendimiento del porqué de la expresión combativa del orangutan.

Esa fue mi percepción, luego la cuestión moral fue parte de este choque emocional entre: admirar la belleza de los animales, la indignación por su maltrato y la vergüenza, la cual llegó al recordar todas las veces que me he sentido superior por el simple hecho de pertenecer a la raza humana.

Creer que mi libertad y el entretenimiento no tienen límites porque soy humana. Quizás como esa fotografía hay muchas y más crueles pero estamos acostumbrados a ver a los animales en el zoológico y por ello nos cuesta trabajo pensar en su sufrimiento o imaginar cómo era su vida antes de estar detrás de las rejas o en cautiverio.

El fotógrafo Tim Laman trató de capturar esa esencia, como un modo de reflexión ante un tema que no parece ser un problema y del cual todos formamos parte; somos egoístas y utilizamos a la naturaleza como si fuera un objeto de museo para nuestro entretenimiento.

¿Quién nos dijo que nuestra vida valía más que la de un animal? Su forma de expresión no se asemeja a la nuestra, sin embargo, eso no significa que podemos hacer lo que queramos con ellos por nuestra incapacidad de comunicación.

Tras ver esto fue imposible no evocar a otros primates quienes murieron a causa de nuestro individualismo: Harambe, el gorila de 17 años, quien fue asesinado el 28 de mayo del 2016; luego de que un niño de 3 años cayera supuestamente en el recinto.

Una de las justificaciones sobre el asesinato es que los gorilas son considerados las especies más peligrosas del reino animal. La zoóloga Amanda O´Donougue fue una de las principales defensoras de la acción que se tomó en el Zoológico de Cincinatti, “las jaulas se han retirado por cuestiones estéticas, los visitantes quieren ver a los animales todo el tiempo”; por eso se crean hábitats especiales, no por la comodidad de la fauna silvestre sino por la de los visitantes  y en el caso del niño nos podemos percatar de que el interés de la sociedad está en el humano y actuar de acuerdo con lo políticamente correcto antes que hacer prevalecer la vida de un animal en peligro de extinción.

15152965_1345312255508913_1308137400_oÉste es sólo un ejemplo de tantos en los que se devela la problemática de los zoológicos o la utilización de la fauna silvestre como objeto de museo. Hay inequidad en la convivencia entre animales y humanos como lo expone la zoóloga Amanda y aunado a eso, ellos son privados de sus actividades cotidianas como: correr, volar, escalar o estar en compañía de miembros de su misma especie.

Lo ignoramos o lo sabemos y nos importa poco, no es natural observar a un animal dando vueltas alrededor de un cuarto, no se trata de aburrimiento, algunos presentan un comportamiento estereotipado a causa de frustración y sus movimientos en círculos cerrados son claros signos de angustia; las condiciones en  que los principales zoológicos del mundo tienen a las especies les causan afectaciones severas, debido al cambio de vida, el poco espacio que poseen y la ubicación precisamente donde el ruido que produce la metropoli y la contaminación aumentan.

Así se da el comportamiento destructivo y anormal conocido como “zoocósis” o psicosis del zoológico; es un encierro y pareciera que aquél orangutan se defendía porque conocía toda está afectación sin haber leído un solo periódico. Según la organización Anima Naturalis, los zoológicos son una cárcel para los animales, la jaula, utilizar una malla eléctrica o estar detrás de un vidrio y otro tipo de restricciones que evitan que recobren su libertad nos permite aseverarlo.

El principal problema es la carencia de empatia que aleja a los humanos de la resolución del problema, la única forma de rescatarlos es preservando sus ecosistemas evitando problemas como el deterioro ambiental o la sobrepoblación y aunque algunos zoológicos se jacten de ser instituciones que rescatan animales que se encontraban en peligro en su hábitat, las condiciones que han propiciado accidentes demuestran lo contrario.

No somos superiores, compartimos el mismo espacio, nuestro comportamiento y anatomía son similares pero las cualidades y actos premeditados hacen una gran diferencia.

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