El papel de la mujer en la construcción de la historia mundial

El papel de la mujer en la construcción de la historia mundial

Libertad, igualdad y fraternidad

Por: Camila Ayala Espinosa

Las mujeres han sido parte importante en el desarrollo de la historia en el mundo. Después del Imperio mexicano de Agustín I (don Agustín Cosme Damián de Iturbide), en 1824, la democracia fue la protagonista.  Se hablaba de ella y se buscaba. México se encontraba ante las elecciones y quien resultaría ganador sería el insurgente Guadalupe Victoria.[1]

Con la llegada de la República, fueron inevitables las creaciones de Instituciones y organismos gubernamentales. Sin embargo, al género femenino mexicano le ocurrió lo mismo que en la Revolución Francesa de 1789. El lema del nuevo acontecer social, liberté égalité, fraternité, excluyó al género femenino, a pesar de que, tanto como los hombres, ellas comprometieron su vida y seguridad en conseguir un cambio. No por nada la francesa Pauline Leon,[2] durante 1792, lideró la Guardia Nacional de Mujeres, que luchó por una ciudadanía y en contra de la exclusión de las decisiones democráticas.

mujeres francesas

Antes de la conformación del país, en la sociedad novohispana de 1810, de manera similar al espejo social que era Francia, hubo agrupaciones femeninas que lucharon por la creación de una nueva nación. Ana María de Yraeta fundó la primera organización femenina secular, la cual defendió que su género tuviera una posición política contra las autoridades virreinales. Además, miembros del grupo fungían como espías y favorecían el movimiento insurgente.

El autor E. H. Carr, en su libro ¿Qué es la historia? recuerda el aforismo no muy profundo[3] de la ciencia noble, de la histoire: Se debe mostrar lo que realmente sucedió.[4] Si hacemos caso a esa consigna, veremos que las mujeres fueron partícipes de los movimientos políticos. Su lucha se fundamentó en lo que el filósofo José Ortega y Gasset explica como “estar haciendo algo para sostener la existencia”. Sin embargo, esa intención se olvida tras la resolución del conflicto. Más aún, en la instauración de instituciones.

Y lo que es peor, subsumir el hecho real a la interpretación política, provoca un divorcio de la intención –la historia oficial equivale a la historia ficticia–, y caemos entonces en falacia. Se crea un cosmos de irrealidad. He ahí el dilema ¿por qué si la mujer luchó por la Independencia, se le negó contar con garantías individuales?

voto

El sentido histórico, tal como un cauce del río, es el hilo de la historia, es donde va el navío cuando se le deja. Y, al contrario, el sistema (los aspectos políticos y legales) es la herramienta con la que se decide la narrativa para la construcción de la historia, para justificar la existencia de lo creado.

Las mujeres mexicanas

En el México neófito, se crearon los héroes independentistas, colocando en el panteón a personajes como el cura Miguel Hidalgo y Costilla, al militar José Ignacio Allende y Unzaga, así como al capellán José María Morelos y Pavón. De entre tantos hombres, María Josefa Ortiz de Domínguez sería casi la única recordada.

Y de los homenajeados, aquellos que tendrían funerales de Estado y su nombre en la creación de las entidades foráneas de la capital, serían en su mayoría hombres. La excepción es María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador. Ella sí contaría con la máxima despedida que puede ofrecer la federación y da tristeza pensar que, hasta la fecha, ninguna otra mujer ha merecido ese honor. Sin embargo, el nombre de Leona Vicario no se encontraría en ninguna entidad subnacional, al contrario de su esposo Andrés Quintana Roo.

Una identidad social es construida a base del discurso histórico. Los grupos liberales y conservadores mexicanos fueron los artífices de su creación

Eduardo Ibarra Colado y Luis Montaño Hirose nos dicen en su ensayo, Hacia una reinterpretación social del poder de las organizaciones, que la identidad social dicta el comportamiento de toda una comunidad. Quienes conforman el grupo creen que la organización es natural, y que su funcionamiento es necesario.

Por esa razón, quizás, por años se asentó en el inconsciente colectivo la nula mención histórica femenina. Ya Michel Foucault usaba el término de dispositivo para hablar de ese convencimiento que hace que, en el caso que nos ocupa, haya un inexistente acercamiento grupal de las mujeres en la toma de decisiones políticas.

En 1821 un colectivo de mujeres zacatecanas demandó una retribución similar al de La Guardia Nacional de Mujeres, el derecho a la participación democrática. Su argumento principal fue el haber peleado en el conflicto bélico. Ellas se aproximaron al pasado, citaron el hecho histórico y lo convirtieron en fundamento, no quisieron ser víctimas del dispositivo de control.

A la feminista Laureana Wright se le recuerda por haber dirigido la revista Violetas del Anáhuac en 1884 y el periódico Las Hijas del Anáhuac en 1887. Sin embargo, la línea editorial que manejó y el contenido crítico que esgrimió fueron sus aportaciones más valiosas. Wright cuestionó el modo de vivir de la mujer mexicana y su estatus en la praxis democrática.

¿Qué es lo que hace encontrarse y verse en ese estado de parálisis de democracia, de política? Michel Foucault en el quehacer político examinado a la luz de la arqueología y la genealogía, maneja la tesis de que el dispositivo es aquel discurso dictado dependiendo del interés del grupo humano y del momento en el que se encuentra. Y Nietzsche, cuando menciona el perspectivismo, nos señala que la concepción de la realidad es determinada por la multitud.

La disyuntiva es considerar si se excluyó a propósito a las mujeres en la historia de México y, si ese fuera el caso, saber si la causa fue un canon machista o la práctica fácil de salvaguardar el interés del Estado.

El académico Ramiro Ávila Santamaría, en su texto La propuesta y la provocación en el derecho, desmenuza y categoriza el devenir del género en el Estado de derecho.  La terminología de género, tanto masculino como femenino, conlleva una complejidad lingüística –la ecuación entre significado y significante–, así como sociológico.

Para entender esto, se deben tomar aspectos normativos, simbólicos, institucionales y subjetivos.[5] Un análisis histórico debe observar que la mujer mexicana se rigió bajo esas cuatro vertientes. Su estatus, se relacionó con lo simbólico, que es ocupado por la carga religiosa que hay. Desde la Conquista, el nacimiento de la República, hasta 1955, la Iglesia y el misticismo la han rodeado (tan sólo hay que considerar la imagen de la Virgen María como molde, como ejemplo a seguir).

La “interpretación de los símbolos, se define como lo que deben hacer las personas”.[6] Ese es el aspecto normativo. La moral creada bajo la interpretación de lo divino, lo político y lo social.

Los aspectos institucionales forman el lugar que ocupa la mujer mexicana en la esfera social: familia, escuela, trabajo, Estado de derecho

Con ello se puede caer en dos formulaciones. En que para los grupos de poder, la percepción de la mujer se basa en esos cuatro ejes y por ende su función de animal político no se podía poner en práctica ya que se encuentra en otro nivel.

Sin embargo, la percepción es lo que provoca las acciones. El antropólogo estadunidense Ernest Becker plasmó en su obra póstuma, La lucha contra el mal, que la necesidad de la jerarquización humana expuesta en la dominación del otro, podría equivaler al exilio de lo femenino de la historia, así como de la praxis política. Hubo una invención: el hambre artificial de dictar, participar en funciones y niveles. La historia hizo menos a la mujer al quitarle las opciones, la toma de decisiones.

O quizá sea posible recordar a la filósofa Hanna Arendt, con su teoría de la banalidad del mal,[7] según la cual se continuarán los ideales de no tomar en cuenta a las mujeres, se seguirá lo estipulado por la sociedad, y alimentará la complicidad del hijo al ver que su madre quiere tomar una decisión y es impedida por el padre y el abuelo. Cuando ese hijo crezca, someterá a su esposa e hijas. Ese gran engranaje, repetitivo, obsesivo, a fin de cuentas, podría ser la historia.

 

[1] Historia General de México, El Colegio de México.

[2] http://pmayobre.webs.uvigo.es/descargar_libros/las%20ideas%20feministas%20latinoamericanas.pdf

[3] E. H. Carr, Qué es la historia.

[4] Lo mismo de arriba

[5] https://es.scribd.com/document/329422961/Varios-El-genero-en-el-derecho-Ensayos-criticos-pdf

[6] https://es.scribd.com/document/329422961/Varios-El-genero-en-el-derecho-Ensayos-criticos-pdf

[7] Donde se toman la exclusión y el olvido histórico como violencia, como maldad, ya que en el fondo se olvida a quien da la vida y a quien ayuda en los movientes sociales. Lo peor, en esta visión, es la complicidad.

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