La mujer vulnerable en México

Una mujer en México representa una pieza de juego o una especie de deporte de alto riesgo. La vida de cada una de nosotras representa un regalo cada día que despertamos en un país que enmarca siete de los diez feminicidios ocurridos en América Latina.
Por: Stephany Reyes

Ser mujer no es un juego

Siempre me ha gustado jugar  “Stop” y desde niña me volví experta en salir corriendo cada que mencionaban al peor enemigo deseado. Debía poner atención para gritar "stop" al escuchar mi distintivo y fuera mi turno de detener la carrera ajena. Era increíble que los peores rivales fueran nombres de cosas que uno mismo escogía: prendas de vestir, países, fruta o comida en general. Después crecí y me di cuenta que día a día, las mujeres tenemos adversarios a quienes declararles la guerra pero que nos obligan a huir de ellos para no perder el turno en la vida.
La mujer entre el juego de la vida y la muerte. Foto: Noticieros Televisa.
La mujer entre el juego de la vida y la muerte. Foto: Noticieros Televisa.

“Declaro la guerra en contra de mi peor enemigo que es…”

¿Cómo completo esa frase ahora? ¿El violador, el feminicida, el acosador, el patriarcado o la sociedad en general? La ética y la moral dictaminada para nuestra vida cotidiana nos obliga a pensar que un dobladillo ancho o un pantalón entallado es un letrero vistoso en el cuerpo femenino que dice “Se permite tocar”.  Ahora portar esas prendas nos hace responsables de comportamientos ajenos. Aunque también es cierto que la ética vista desde la profundidad filosófica de nuestros tiempos, ha tomado nuevos bríos sobre lo que es políticamente correcto expresar y pensar.

¡Despierta!

Hace poco pensaba en mis maneras de agradecer un día más de vida. Ya no puedo despertar sonriendo y agradeciendo un ciclo más, sino reivindico mi postura por resistir en un país que condena a siete mujeres al día a la muerte, al olvido y peor aún, a la injusticia. Vivo en la delegación que está en el cuarto lugar de asesinatos a mujeres registrados por el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, la Gustavo A. Madero. Barrio del que en algún momento me sentía orgullosa porque me curtió para no dejarme de nadie, pero que últimamente me orilla a cuidarme de todos.

La desobediencia social

Graciela Hierro, filósofa feminista, sostiene en su libro “De la domesticación a la educación de las mexicanas” que las mujeres somos aleccionadas desde pequeñas a comportarnos de tal modo que la moral y la ética ajena no se sienta ofendida por nuestro comportamiento. Los lineamientos establecidos reducen a la mujer a comportase de una forma lineal, repetitiva e incluso sumisa dentro de una sociedad que condena “la desobediencia”. El rol de género en el cual encaja nuestra corporalidad como mujeres nos obliga a entender que cualquier cosa que nos suceda será nuestra culpa por no comportarnos como debemos.
Los roles de género afectan mayormente a la mujer. Foto: WordPress
Los roles de género afectan mayormente a la mujer. Foto: WordPress
  La instrucción sobre ser mujer implica aprender a ser bonita, a cumplir las labores de la casa, crianza, cuidado y entender que somos privadas, que la calle es un espacio hostil e inseguro para nosotras porque no pertenecemos a él. Pero, no es dicho explícitamente. El cambio vertiginoso en la sociedad y los contrastes que representan las distintas ideologías políticas han reservado la opinión respecto a las mujeres, generando una espiral del silencio.  Actualmente definirse o autonombrarse machista es mal visto, pero dejar de serlo aún opone mucha resistencia.

La culpabilidad social

La escritora, teórica y feminista chilena Margarita Pisano expresa en su colaboración para el libro “Ética y feminismo” que habitamos una cultura fetichista en la que el poder define su sistema de valores estableciendo el bien y el mal desde distintos enfoques como el divino, el sobrenatural y los designios mágicos. Sustenta que la mayor parte de nuestro comportamiento como sociedad se encuentra basado mucho en la teología y el binomio “norma y castigo” establecido por distintas palabras que la gente considera sagradas.
Las mujeres enfrentan la crítica social Foto: UNAM Global
Dignificar la alegría nos ha resultado un mecanismo de defensa para nosotras las mujeres. La búsqueda de la felicidad radicada en el placer de sabernos vivas, ha volcado nuestras expectativas en un hedonismo que no resulta nocivo, sino reafirma nuestro deseo de permanencia en el mundo, no en la sociedad como está conformada. Construimos estrategias de cambio y mecanizamos nuestro cuidado,  esto resulta un cimiento en lo que representa el cambio que se requiere.

Apatía e infelicidad

Efectivamente, no soy feliz a diario. Tengo motivos por cual serlos pero temores sembrados en mi género por la violencia y la experiencia propia que no me permiten disfrutar del todo, pero amo infinitamente la frase que reza: “Nuestra venganza es ser felices” porque contempla que a pesar de que algunos se deleitan del sufrimiento ajeno, nosotras seguimos resistiendo y sobreviviendo.  Mi felicidad explotará el día que la guerra cantada al enemigo llamado machismo sea ganada y ya no tengamos que correr de él para salvarnos.          

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