Mercado de piernas

Yarek Gayosso

Once futbolistas en la cancha que corren por el balón del que depende su suerte y ejercitan el arte del gol, son ídolos inmersos en la fama que se convierten en esclavos de lujo. Su vida futbolística dura lo mismo que un partido en la cancha, son prisioneros de los hombres de pantalón largo y sus piernas tienen un signo de pesos, si fracasan su destino estará en otro club o rescindirán su contrato, es imposible luchar contra el mercadeo siendo el futbol la mejor forma de vender zapatos, camisetas y jugadores.

La liga de futbol mexicano sólo apuesta por los resultados a corto plazo,  formato de competencia  que lleva a los equipos a la mediocridad en el momento en que cualquiera de los 18 clubes  puede clasificar a la liguilla y  ser líder no asegura ser campeón. En México se han jugado 28 torneos cortos en toda la historia y sólo 5 veces se ha coronado el conjunto con más puntos. Los directores técnicos que pierden tres partidos seguidos son víctimas de este sistema. Los torneos cortos favorecen a equipos que antes no resultaban campeones como Toluca y Pachuca con de estos títulos siete y cinco títulos. Todos juntos son  un freno que no permite el desarrollo óptimo de los jugadores   y de una liga de calidad.

Uno de los problemas que existe dentro del futbol mexicano es  el llamado “pacto de caballeros”, un mercado de venta de piernas, que se realiza cada fin de torneo entre los dueños de los equipos con el propósito de vender y comprar jugadores transfiriéndolos de un equipo a otro sin el previo consentimiento del jugador en la negociación como lo establece la Ley Federal del Trabajo en su artículo 295 y 296 que deja en la indefensión laboral a los futbolistas, violando sus derechos de elegir con qué equipo trabajar. Los jugadores pueden ir a la Junta de Conciliación y arbitraje en caso de que no se cumplan los términos de su contrato, pero no es usual encontrar casos de futbolistas que apelen a estas instancias. Al no hacerlo evita problemas con los dueños de su club para próximas contrataciones.

Los futbolistas no gozan de una prima dominical a la que tienen derecho todos los trabajadores que realizan su actividad profesional en domingo. No se respetan sus horarios de trabajo ni de entrenamiento, los pagos de sus salarios son impuntuales, carecen de seguro social y los deja en la indefensión ya que su trabajo representa una actividad riesgosa porque en cualquier momento pueden quedar inhabilitados de por vida por una lesión, además de que su contrato no les garantiza el derecho a la jubilación. Si no ahorran durante el tiempo que dure su carrera futbolística se retiran sin nada.

En México han existido varios  intentos para la creación de un sindicato de futbolistas que proteja al jugador y  defienda sus derechos sociales, económicos y profesionales. Carlos Albert, José María Huerta Carrasco, ambos ex jugadores del club Necaxa y  Javier Aguirre ex Director técnico de la Selección Nacional han sido algunos casos de los que han buscado lograr un registro sindical que fortalezca la protección social  y laboral de los jugadores.

La agrupación de Futbolistas Agremiados de Argentina fue una conquista que lograron los jugadores de ese país tras una huelga que duró de noviembre de 1949 a Marzo de 1950, jugaron partidos amistosos para recaudar fondos y fue así como los dueños de los equipos se vieron obligados a permitir la asociación que protegía a los jugadores como trabajadores.

Los futbolistas que juegan en la liga mexicana deben conocer cuáles son sus derechos, recurrir a las instancias correspondientes cuando hay  una agravación a su contrato. En México no se defienden los derechos laborales de los futbolistas y si no hacen algo al respecto las generaciones siguientes van a seguir siendo un conjunto de explotados y el futbol profesional no escuchara hablar de justicia.

Aquellos jugadores que llenaban estadios, que sus nombres eran coreados por una multitud no juegan su partido más importante dentro de la cancha sino fuera de ella.

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