Mean Streets: La Penitencia se hace en las calles

Por: Julia Díaz La culpa y el perdón, son ideas que han sido inyectadas por la iglesia católica desde hace siglos y que han servido tanto para mantener bajo control a los creyentes como para demostrar poder a los escépticos. Algunas personas han recibido la inyección ideológica con gusto y la han hecho parte de su vida como una especie de heroína que los desquicia y los calma. La penitencia es dictada en el templo por la voz de un hombre sin rostro, pero ha de cumplirse afuera, en el mundo real donde las personas tienen cara, nombre y reputación, este es el planteamiento con el que Martin Scorsese da inicio a Mean Streets (1973) y con la escena de un despertar abrupto. De acuerdo al protagonista Charlie Cappa, interpretado por Harvey Keitel, la penitencia se ha de cumplir en la calle con acciones no con plegarias, a su modo y no al de Dios ¡porque esa deidad que va a saber de la vida en la tierra! y del mundo de la mafia en el que Charlie intenta construir una carrera sin ensuciarse las manos y mucho menos el traje que viste. Scorsese plasma la vida de los mafiosos ítalo americanos desde la perspectiva individual de un personaje más complejo de lo que aparenta, ya que Charlie es un sicario que cobra derecho de piso, pero que no empuña armas y es físicamente incapaz de pelear. Los símbolos religiosos que Scorsese emplea en diferentes escenas a lo largo de la cinta, refuerzan la intención que tiene de mostrar la importancia de la religión para los gángsters de ascendencia italiana que viven en Nueva York, sin embargo ese aspecto también es aplicable para los delincuentes en México que adoran a Malverde o a todo lo que tenga el prefijo San. La importancia de la religión para los delincuentes radica en el argumento que la mayoría de ellos rezan como letanía: “Sólo Dios puede juzgarme”. Entre el cielo y la tierra hay un gran espacio en el que un hombre vanidoso pero compasivo elige a Johnny Boy como penitencia, como los grilletes con los que ha de cargar, elige privarse del amor de Teresa y de la lujuria a la que le incitan las curvas de una bailarina afro americana pero que rechaza con tal de no manchar su reputación. Para Charlie el sufrimiento y el dolor representan el camino para alcanzar la purificación, a la que sólo se llega si se soporta el calor de las llamas. Pareciera que una deuda obliga a Charlie a cargar con Johnny pero es más que eso, es la relación de amistad que tienen, el lazo de codependencia que los tiene atados para que uno sea el salvador del otro, porque tal vez solo juntos forman a un solo hombre. La locura se lleva en la sangre y ella te elige no tú a ella, es por eso que está representada por dos personas que dirigen al protagonista a su destino y que ayudan a develar la verdadera identidad de un hombre que se esfuerza por mantener las apariencias, de un humano más que se deja oprimir por la sociedad y que se traiciona en la búsqueda de lo que otros le han dicho que es su felicidad. Scorsese estrena Mean Streets un año después que The Godfather (Dir. Francis Ford Coppola) saliera en los cines, y aunque ambas películas retratan la mafia italo americana, Scorsese logra estar a la altura de Coppola sin contar con un gran presupuesto pero sí con una historia digna de contemplar al igual que la implacable actuación de Robert De Niro. La clave de Scorsese está en contar la historia desde las calles, esos espacios que son de todos y al mismo tiempo de nadie que sirven de aula en la vida de los granujas que han de graduarse como delincuentes. No se puede confiar en el que no se formó en el barrio, en el asfalto de la calle se graba el expediente de un delincuente

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