Los feminicidios no son una moda

Los feminicidios no son una moda

Por Tania Juárez

Los feminicidios no están de moda, hablar de ellos se ha convertido en una constante en los medios de comunicación, pero se debe a las recientes protestas y la viralización del tema en diversos grupos de feministas y académicos. Siempre se ha escuchado sobre el riesgo permanente que vive una mujer en todas las dimensiones de la violencia de género: acoso y abuso sexual, maltrato físico, psicológico, y otra serie de cuestiones que culminan con el asesinato.

Las estadísticas de los homicidios y las causas que amenazan sus vidas, no se equiparan con la violencia que ataca al género femenino desde el momento de su nacimiento. Las guerras, el narcotráfico, la migración son factores que inciden en la mayoría de las muertes de los hombres, sin embargo en el caso de la mujer aunado a estas problemáticas se encuentra el hecho de que son desaparecidas, maltratadas o asesinadas porque no cocinaron bien, se negaron a tener relaciones sexuales o simplemente portaban ropa “inadecuada”, ese es el feminicidio: la máxima expresión de odio hacia la mujer por el hecho de ser mujer que luego de una serie de sucesos violentos se consuma el asesinato.

Éste se ve motivado por la misoginia, y alentado por la impunidad y la normalización de la violencia que se enseña por la cosificación sexual (utilización de la mujer como objeto)  reflejada en la televisión, a través del cine, series y telenovelas.

El machismo es latente en México y toda América Latina, forma parte de la cultura y no distingue entre clases sociales o regiones, entre quien tiene alguna profesión o es analfabeta, se dice que la edad en la que una mujer corre mayor riesgo es entre los 15 a los 25 años de edad, se enfatiza en la juventud, la vestimenta que portaba o el lugar en el que fue atacada como una justificación ante la violencia, para evitar un pánico colectivo y atribuirlo a que es una culpa en conjunto: el agresor, víctima, el lugar inapropiado y la hora; propiciando el slut shaming (culpabilizar a la víctima) y generando impunidad en cada caso.

“No nos damos por vencidas de pedir justicia, pero sabemos que no. En nuestro corazón sabemos que la muerte de mi hija, como la de varias muchachas, va a quedar impune. Tenemos la ilusión de seguir pidiendo justicia, pero sabemos que no se va a poder hacer nada. Tantas muchachas, merecían que hubieran agarrado a los asesinos. A lo que nos cueste, seguiremos pidiendo justicia”, relato de Juana Rodríguez Bermúdez, incluido en el libro: Ciudad Juárez: De este lado del puente, ella perdió a su hija luego de mandarla a la tienda por un refresco, desapareció y la encontraron muerta el 10 de febrero del 2003.

El caso de Ciudad Juárez tuvo un mayor alcance por el lugar donde se produjeron los asesinatos y la cercanía con la frontera, rápidamente en todo el país y en otros continentes se tenía conocimiento de la grave situación de feminicidios que contenía esa región del territorio mexicano, sin embargo, por debajo de estas historias y reportajes, en el área conurbada del Estado de México se efectuaban los mismos crímenes de odio, producto del miedo y el machismo pero sin características particulares sobre las víctimas o algún alcance en los medios de comunicación. Se tiene un registro que al año el promedio anual de asesinatos de mujeres es de 344 y las violaciones, desapariciones y feminicidios siempre estuvieron en primer lugar en comparación con lo que ocurre en Juárez.

La atención de los medios, las demandas de la Comisión Internacional de Derechos Humanos al Estado Mexicano y la inmersión de los tratados internacionales en el tema, se dieron debido a la insistencia de las madres que no se conformaron con la respuesta de las autoridades; tomaron la iniciativa de buscar por su propia cuenta a sus hijas o hacer justicia con sus medios, a modo de terapia ocupacional y para encontrar la calma, realizaron protestas, algunas se volvieron activistas y comparten sus historias no para victimizarse sino con la intención de abrir un diálogo y evitar que lo que les sucedió vuelva a ocurrir.

Sólo de ésta forma conocemos los feminicidios, los periódicos dedicados a la nota roja son los pocos que se dedican a cubrir el tema, lo exponen de manera grotesca y en sus titulares presentados de manera cómica, se aprecia la discriminación y el sexismo en el periodismo, su falta de ética y empatía con los seres humanos, pero sin ellos no podríamos atender cada caso o protestar ya que el amarillismo se ha convertido en el principal reflector para los feminicidios en el país.

La moda es adoptar el término, en la política, en nuestras vidas; el problema siempre ha existido aunque no supiéramos como describirlo, actualmente en las redes sociales como Twitter, activistas y personas interesadas en la justicia han contribuido con los hashtags #NiUnaMás y #VivasNosQueremos, por supuesto que no ha cambiado nada por que el problema es cultural y depende de la educación entorno al respeto, pero la difusión y demanda pueden llevar a la reflexión para que en conjunto se intente proteger al género femenino.

No aislando a las mujeres del vagón, otorgándoles un silbato para prevenir violaciones, modificando el uso horario o dejar de vivir en el Estado de México, como dice la experta en temas sobre violencia, Lori Heise: “El factor de riesgo es ser mujer” y sólo lo aceptamos como si fuera algo natural, sin llegar a erradicar el problema, la cuestión está en no tolerar ninguna expresión de machismo porque siempre puede llegar al asesinato y repitiendo las demandas de la “moda” que considero nunca deberían modificarse #NiUnaMás y #VivasNosQueremos.

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