Literatura de la Onda: el reflejo de la juventud

Por: Beatriz Carbajal Rivas

Por medio de la fotografía, la pintura y la literatura podemos conocer el contexto histórico y social en que se vivía en determinada época. Los  movimientos literarios surgen ante la necesidad del autor de hacer una crítica, de expresar y representar a una generación en busca de cambios y nuevas alternativas.

Aproximadamente en la segunda mitad de la década de los sesenta, surgió el movimiento literario conocido como “La onda”, su sede fueron las calles de la Ciudad de México, y así con un sentido de “realidad” a cuestas, intentó generar un cambio en la narrativa mexicana. Aquella búsqueda del absoluto juvenil trajo consigo un lenguaje prosaico, el calor etílico del rock, frases en inglés y la inclusión del albur. Es decir, una reconstrucción a partir de conceptos carentes de fuerza poética, teniendo como consecuencia un terreno más fértil y con mayor libertad.

El término comenzó a utilizarse por la escritora mexicana, Margo Glantz, quien bautizó al movimiento por un cuento de José Agustín, “Cuál es la onda”, donde se refiere a esa juventud diferente, “en onda”. Aunque la denominación no agradó del todo a los integrantes del movimiento.

Sus ejes fueron José Agustín -el único sobreviviente-, Parménides García Saldaña y Gustavo Sainz. Su principal temblor estético fue el de apelar por la sinceridad del escritor que se ciega ante la realidad que lo rodea, se aventuraron por nuevas formas en el lenguaje, abordaron temas que se veían como inapropiadas para los que se decían conservadores.

La empresa surge en una etapa de manifestación, donde los jóvenes del mundo cansados de las anomalías e injusticias de las autoridades salen a defender sus derechos, romper patrones de comportamiento, a hablar sobre la libertad sexual, celebran el consumo de drogas, proclaman el amor y vomitan la guerra y exigen equidad entre el hombre y la mujer. Sin dejar de mencionar que en esa época se vivía en México el Movimiento Estudiantil de 1968.

En sus textos, los jóvenes son los protagonistas. Muchachos citadinos de clase media o baja en busca del amor, de nuevas experiencias, amantes del Rock and Roll, albureros y esto con afán de retratar las inquietudes, las formas de vida y creencias de los chicos de esa época.

A la novela de José Agustín, “La tumba” (1964) se le considera coma el gen  de la literatura de la Onda, así como “Gazapo” (1965),que fue el primer libro de Gustavo Sainz, y con él formó parte del movimiento. Parménides García, -considerado como el más congruente entre su vida y obra, porque el exceso fue su guía- plasmó con desenfado en “Pasto Verde” (1968) aspectos religiosos y el espíritu rebelde de la juventud.

Para entender mejor La Onda, cito a Ignacio Trejo Fuentes, -ensayista y crítico literario mexicano-, quien en el texto “La literatura de la Onda y sus repercusiones” da su visión sobre el tema: “El lenguaje literario del narrador de la Onda es totalmente urbano, en él abundan los trazos de México. Es un lenguaje que deja oír el palpitar de la ciudad que se percibe en los ruidos de las calles, en las aglomeraciones de las estaciones del metro, en los gritos de los bares, de las plazas públicas y de las cárceles”.

Sin duda este movimiento “contracultural”, fue testimonio de su generación, mostró a la literatura como un apoyo para jóvenes que necesitaban sentirse comprendidos; también propuso quebrantar normas establecidas por la sociedad e intentar acabar con estereotipos.

Parménides García Saldaña, José Agustín y Gustavo Sainz, son los nombres de aquellos hombres que vieron en la literatura la forma de expresión más honesta, la manera de acercar al lector a una realidad.

Fragmento de Cuentos completos de José Agustín: “Pero de cualquier maniobra te amo.  Ah, me clamas. Te amo y te extraño, clamó él. Te ramo y te empeño, recogió ella. Te ano y te extriño, te mamo y te encaño, te ramo y te engaño, quieres más, ahí van...”  

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