La reubicación errónea es la regla

Marco Antonio Salas Lomelí y Yarek Gayosso

¿Qué tan difícil es para un futbolista la readaptación a otro país? ¿De ello depende el rendimiento de un jugador en la cancha? A esas preguntas trataron de responder Simon Kuper, periodista deportivo y Stefan Szymanski, profesor de economía en Londres.

Ellos entendieron que muchas transferencias de jugadores a otros clubes fallaban por problemas fuera del campo, como el brindarles a los futbolistas una reubicación en su nuevo país, es decir, los problemas vienen de la transferencia misma.

Consideran que moverse a un trabajo en otra ciudad es siempre estresante y es mayor cuando se tienen que mudar a otro país. Explican que todavía hay clubes europeos que pagan millones de dólares por jugadores extranjeros, pero no quieren pagan unos miles más para ayudar a los jugadores a asentarse en sus nuevas casas. Por lo tanto, la reubicación constituye para ellos ineficiente en los mercados de transferencia.

Boudewijn Zenden, quien jugó en cuatro países incluyendo clubes como el Liverpool y el Barcelona, mencionó para una entrevista a Soccernomics que lo más extraño es comprar a un jugador y no hacerlo sentir como en casa: “ Yo creo que la primer cosa que debes hacer es darle un teléfono móvil y una casa. Darle una escuela a sus hijos y conseguir una maestra debido a que todo tiene que ver con el idioma.

Hay ejemplos de clubes con excelente estructura. El AC Milán está organizado de manera que todo está hecho para el futbolista. Cuando contratan a un jugador le consiguen una casa amueblada y le dan a escoger entre cinco automóviles, según su filosofía con ello aseguran que el futbolista sólo se dedique a jugar bien.

En el futbol la reubicación errónea es la regla. Nicolas Anelka llegó al Real Madrid en el verano de 1999 por 35 millones de euros. En la revista France Football fue dado a conocer que al jugador francés no se le había asignado un casillero en el vestidor, el futbolista no había hablado sobre sus problemas con el club. Tuvo una temporada muy discreta en el equipo español, además de no llevarse bien con los aficionados, compañeros y su entrenador, Vicente del Bosque. Incluso recibió una suspensión de 45 días tras negarse a entrenar. En los últimos encuentros de la temporada recobró la titularidad y anotó goles vitales en las semifinales, ante el Bayern de Múnich, de la Champions (1999-2000) y  fue titular en la final. Al término del año el Madrid lo declaró  transferible.

El problema de fondo fue que nadie del equipo se tomó la molestia de presentar a Anelka con los demás jugadores y no podía comunicarse con ellos porque no hablaba bien español y su inglés era deficiente, pero el club determinó que su comportamiento se debió al sueldo que tenía, ya que consideraban que si a un jugador se le paga 35 millones de euros tenía que resolver sus problemas él mismo.

Caso totalmente distinto es el de Lionel Andrés Messi, jugador del Barcelona, el cual llegó al club catalán apenas a los 13 años, después de haber sido visto por Carles Rexach, en ese entonces director técnico del Barcelona, quien notó el talento de Messi y éste tenía parientes en Lérida, España, siendo capaz, junto con su padre, de iniciar un viaje. El Barcelona lo fichó después de verlo jugar, ofreciéndose entonces a pagar los costosos tratamientos si él se mudaba a España. Se trasladó a la ciudad española junto con su familia, además de que el equipo blaugrana le pagó un tratamiento de 900 dólares al mes para su enfermedad hormonal, dinero que el River Plate no pudo pagar y, por lo mismo, fichar al jugador.

Desde su llegada al Barça, las facilidades proporcionadas por el conjunto catalán hacia el jugador fueron demasiadas, lo que permitió su adaptabilidad al 100 por ciento y continuar jugando y desempeñándose de manera extraordinaria en España.

Sin embargo, en 2009, su familia retorno a Argentina, harta de la discriminación lingüística que se padece en Cataluña, aunque el club no tuvo nada que ver con dicha decisión.

En el futbol hay pocos consultores de futbol,  pero ellos no son llamados y nunca son contratados por los clubes. La mayoría de los equipos no cree en la reubicación. Un consultor sueco apuntó: “Yo creo que todo se reduce al hecho de que los clubes sólo ven a los jugadores como mercancía”.

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