La pesista de oro

Yarek Gayosso

Soraya Jiménez recuerda su infancia. "Mi hermana y yo iniciamos desde muy chicas en el deporte, yo aprendí caminar a los siete meses y ella  a los nueve, aprendimos a nadar al año, siempre nos inculcaron el deporte y llegamos a ser  seleccionadas nacionales, yo de bádminton infantil". Hasta que Soraya encontró en el  levantamiento de pesas su pasión y desde “la primera competencia me fue muy bien y agarré ritmo".

La campeona olímpica siempre tuvo el apoyo incondicional de su padre a pesar de que a él no le gustaba verla en las competencias "porque se ponía muy nervioso, pero me dio libertad, nunca me dijo que practicara otra disciplina".

Siempre vivió marcada por el estereotipo de que la halterofilia era un deporte para hombres, debido a que le  ponían excusas por ser mujer para poder entrenar o competir, pero afirma que ese paradigma se ha roto con los resultados que las mujeres han obtenido en esta disciplina: "Mucha gente no creyó en mí, me importó más que mi familia lo hiciera".

Antes y después de la gloria

Soraya recuerda un día antes de conseguir la presea dorada: "Para mí fue normal, me acosté, leí  un rato, escuché música, sólo tuve poco  insomnio". Después de portar la medalla de oro "me sentía tranquila, pero fue un día de locos porque no había dormido y tampoco había visto a mi familia. Esos Juegos Olímpicos cambiaron mi vida".

Después de la  presión  a la que sometió a su cuerpo vino el sobrepeso: "Competía constantemente, no teníamos programado el torneo en el Salvador y no trabajamos el control de peso, por lo cual  no pude competir, pero ahí no se acabó el mundo". Considera que la operación de su rodilla es parte de todos los que han  practicado deporte de alto rendimiento "tarde o temprano te pasa la factura, no debes  resignarte, pero sí saberlo".

Soltó las pesas y llegó el retiro en el 2004, un proceso que cambió su rutina y tuvo que hacer otro plan de vida.  Señala que después de estar en unos Juegos Olímpicos y subir al podio la mente y el cuerpo se cansan  y no tienes que pasarte la vida buscando campeonatos.

Soraya, la entrenadora

Tomó un curso en Bulgaria y la Universidad Autónoma del Estado de México le hizo llegar una invitación. "Les quiero enseñar parte de mis experiencias a los jóvenes, cómo buscar una meta tanto deportiva como personal y que aprendan hacer un plan de trabajo".

Hace 12 años se escuchó en Sidney el himno mexicano.  Soraya Jiménez respiró hondo, levantó 127. 5 kilogramos por encima de su cabeza, sus brazos se convirtieron en hierro y levantó a un país entero.

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