La oreja de Vincent

Por: Alejandra Cruz Yepez Todo el mundo ha oído hablar de Vincent Van Gogh: por su pintura tan característica, por lo lunático que estaba, y porque se cortó una oreja. Heredero del impresionismo, Van Gogh entendía la pintura como una vía para modificar la sociedad y como un vehículo de salvación personal; eso mismo lo hizo crear un estilo muy personal más allá de la luz y el color. Su obra es un claro ejemplo de cómo la pintura puede expresar las emociones y angustias humanas. Vincent van Gogh fue un pintor postimpresionista holandés. Vivió la mayor parte de su vida en Francia y su obra influyó de forma decisiva en el movimiento expresionista. Van Gogh nació el 30 de marzo de 1853 en Groot-Zunder, hijo de un pastor protestante holandés; fue el mayor de 6 hermanos; aunque no le correspondía el papel de hermano mayor ya que hubo un primer Vincent Van Gogh, quién había fallecido un año atrás. Desde su juventud, Vincent manifestó un temperamento fuerte y un carácter difícil en su relación con los demás; lo que habría de frustrar todo intento que emprendía. A los 27 años ya había trabajado en una galería de arte, había dado clases de francés, había sido estudiante de teología y evangelizador entre los mineros de Wasmes, en Bélgica. Sus experiencias como predicador se ven reflejadas en sus primeras composiciones sobre campesinos, de las cuales la más conocida es la obra de Los comedores de papas, hecha en el año de 1885, la cual se encuentra actualmente en el Museo Vincent van Gogh en Ámsterdam, uno de los diez únicos grabados que el realizo el pintor a lo largo de su vida. Oscuras y lúgubres, incluso a veces descarnadas, sus primeras composiciones ponen en evidencia el intenso deseo de expresar la penuria y los sufrimientos de la humanidad tal y como él los vivió. En 1886 se fue a vivir a Montmartre junto con su hermano Theo van Gogh, quién era comerciante de arte, y allí se familiarizó con los nuevos movimientos artísticos que estaban en pleno desarrollo. En aquellos días, el arte oriental dominaba París, todo el mundo estaba alucinado con los grabados orientales y Vincent igualmente quedó fascinado por este tipo de arte. Influido por la obra de los grabadores japoneses como Hiroshige y Hokusai, comenzó a experimentar con este tipo de técnica; para más adelante, adoptar los brillantes matices de artistas franceses como Camille Pissarro y Georges Seurat. En 1888, Van Gogh dejó París, para trasladarse a La Provenza al sur de Francia con la esperanza de atraer allí a algunos de sus amigos y fundar con ellos un Taller del Mediodía. Bajo este nuevo aire, pintó escenas rurales, cipreses, campesinos y otras características de la vida de la región. Durante este periodo, comenzó a utilizar pinceladas ondulantes y a incluir los amarillos, verdes y azules intensos relacionados con sus tan conocidas obras como Dormitorio en Arles y Noche estrellada; las cuales parecían estar dotadas de una gran vitalidad física y espiritual, como muchas otras de sus pinturas. Este entusiasmo logró contagiarlo a su amigo pintor Paul Gauguin, al que había conocido en París, para que fuera a verle a Arles. Pero menos de dos meses después comenzaron a tener violentos enfrentamientos que culminaron con una pelea en la que Van Gogh, siendo totalmente irracional, amenazó a Gauguin con una navaja. Aquel evento causó tal remordimiento en él que esa misma noche se cortó parte de la oreja. Luego de aquellos eventos, estuvo internado durante un año en el manicomio de Saint-Rémy. El 27 de julio de 1890, Vincent firma su última obra Cuervos sobre el trigal; e inmediatamente después se da un tiro, muriendo dos días más tarde en los brazos de su hermano Theo. Vincent encontraba la pintura como una vía de escape para su angustia y aunque no se le reconociera su trabajo, él nunca abandono esa habilidad innata para pintar las emociones. Es así como aquél que entonces consideraban un loco se convirtió en un genio. Y es que su estilo, absolutamente personal, es pura fuerza expresiva. Sólo un genio loco como él, con una vida como la suya, es capaz de dejarse llevar por su obra y mostrar su mundo interior de una forma tan sugerente. A Vincent Van Gogh lo llamaron el loco de pelo rojo. Un gran y genial artista; introvertido, serio, austero, pero siempre maravilloso. Incomprendido en su tiempo, expresionista hasta la médula, impresionista hasta los huesos. Y así es como se le recordará, como aquel que supo manejar el color como nadie.

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