La mano inviSpielberg

Tungjen García

Es irrefutable la afirmación de que Steven Spielberg es una figura destacada de la industria cinematográfica estadounidense. Durante más de dos décadas todo lo que llevaba su nombre, contaba con una extraña certificación indiscutible.

Las audiencias siguen reconociendo al premiado y aún más adinerado cineasta. Sin embargo, la calidad de sus producciones ya no está preaprobada por los fanáticos desmedidos y cada obra se considera un posible fiasco.

Más cuando envuelve la infame e imparable tercera dimensión junto con una insufrible chaqueta de acción, publicidad y escenas sin relevancia de modelos sin talento en primer plano con explosiones de fondo ("Transformers: Dark of the Moon").

Tal vez por eso el escepticismo al entrar a la sala para ver "Super 8", escrita y dirigida por J. J. Abrams ("Lost", "Star Trek"), no me dejó en paz hasta la mitad de la cinta.

Asombrosamente la historia de un grupo de prepúberes que filman una película de zombies y en cuyo pueblo, tras ocurrir un horrible accidente de tren, comienzan a suceder eventos inexplicables, me atrapó gracias a un elenco acertado.

A pesar de que los personajes principales son niños de entre 12 y 15 años, la cinta mantiene un humor divertido más allá de la mocedad y actuaciones dignas del suspenso que se pretende en la narrativa.

Sin embargo, en cierto punto, las ñoñerías y cursilerías típicas de Spielberg aparecen y ya nunca abandonan la pantalla. También el estilo de J. J. Abrams de permitir al público dar "cara" al monstruo con su imaginación y la forma real de éste, rayan ya, en reciclado de conceptos.

Más allá de lo anterior, me complace decir que la película merece audiencia. Exalto la valía del filme porque es raro encontrar una historia que incluya monstruos, niños y ordinariez Spielberiana  y que, con todo eso, logre rescatar la ficción en su conjunto.

"Super 8" ya está en las pantallas mexicanas bajo (agradecido estoy) el mismo título.

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