La justicia como espectáculo

La justicia como espectáculo

Por: Juan Pablo Reyes

@jpressmx

En un nuevo noticiario de Televisa que lucha por lograr el mayor raiting , el jefe de información ordenó a su reportera de la fuente judicial conseguir a toda costa un video con las confesiones, realizadas dentro de un proceso judicial abierto, de un abogado que inculpó al gobernador con licencia de Veracruz, Javier Duarte, por el millonario desfalco en la entidad, esto a pesar de que se vulnerara el debido proceso pues, dijo el responsable del noticiario, “esas imágenes nos darán mayor audiencia”.

La grabación, afortunadamente, no la consiguieron, pues el juez de la causa se negó a hacerla pública y si así hubiera sido, por el simple capricho de generar un mero espectáculo mediático, esa empresa televisiva hubiera ocasionado una gran problemática judicial, muy similar a la que provocó con el caso de Florence Cassez que culminó con la liberación de la francesa.

Durante los últimos años, la justicia ha sido tomada por los medios de comunicación impresos y electrónicos como mero show, hemos podido ver como las redacciones envían a sus reporteros, fotógrafos o camarógrafos a la pasarela de presuntos delincuentes para poder tener la mejor imagen y dejar satisfecho así a sus lectores o auditorio.

Los propios medios han hecho de juicios trascendentes un circo y han provocado que la opinión pública centre su atención en que un capo de la droga podía volverse loco e incluso suicidarse si sigue encerrado en un penal de la frontera o sí una ex lideresa magisterial padece serias enfermedades que podrían congelar los juicios que se le siguen por lavado de dinero y delincuencia organizada.

La televisión, la radio, la prensa escrita y el internet se han prestado también a seguirle el juego a los abogados o a las fiscalías sin confirmar si las declaraciones de éstos son veraces o simplemente forman parte de una estrategia para impactar en la opinión pública que, a fin de cuentas termina generando clicks en los portales de internes por las palabras llamativas, aunque falsas, del declarante.

Sobre esto, en el libro “La civilización del espectáculo”, Mario Vargas Llosa llama la atención de un problema que, sin duda, aqueja a todas las democracias y a algunos de los sistemas de justicia del mundo.

En la civilización del espectáculo, la política ha experimentado una banalización, lo que significa que en ella la publicidad, lugares comunes, frivolidades y modas ocupan casi enteramente el quehacer antes dedicado a razones, programas, ideas y doctrinas”.[1]

La palabra “política” que usa el autor peruano en su texto, bien podría cambiarse a “justicia”, pues ésta ha sido relegada, se le resta importancia o lo que es peor, sirve únicamente para entretener, divertir y hasta distraer a la sociedad que poco conoce su sistema de justicia.

Tristemente y como dice Vargas Llosa, esto “se ha convertido en un deporte que el periodismo de nuestros días practica sin escrúpulos, amparado en el derecho a la libertad[2] y que en numerosas ocasiones ha convertido la información en un mero espectáculo.

Algunos ejemplos recientes de casos judiciales que se han convertido en mero circo y que han causado efervescencia entre la opinión pública podrían ser “Los Porkys” de Veracruz, “El Chapo” Guzmán, Kate del Castillo, Elba Esther Gordillo, Andrés Granier, “La Barbie” y ahora el que se busca para Javier Duarte, sus cómplices y otros exgobernadores.

Estos y otros casos dejaron de ser indagatorias reservadas y prudentes, con un cuidadoso seguimiento periodístico, para convertirse en espectáculo público donde todo el mundo opina, la mayoría sin dominar el tema,  algunos medios de comunicación se pelean las pruebas o declaraciones buscando ganar la nota, mientras que la Procuraduría General de la República reparte filtraciones por doquier.

Por ejemplo, hace aproximadamente un año, el abogado Marco Antonio del Toro, defensor de Elba Esther Gordillo ofreció una entrevista a un portal de internet que goza de prestigio pero cuyo reportero poco conocía de temas judiciales. Le dijo que “La Maestra” estaba a horas de obtener la prisión domiciliaria e irse a su casa para seguir desde la comodidad de su hogar el juicio que se le inició.

La nota titulada “Elba Esther se va a su casa” fue la principal de ese medio informativo por espacio de tres horas y en ese lapso de tiempo fue retomada por las redacciones de varios medios nacionales e internacionales, a pesar de que sus reporteros alertaron que se trataba de una “volada” pues el proceso judicial seguía su curso normal.

Y efectivamente, por la tarde el juez que lleva el caso salió a desmentir que fuera inminente el traslado de Elba Esther Gordillo a su casa pues aún faltaban diversas pruebas que desahogar y apelaciones interpuestas por los fiscales que llevan el caso. Total, ha pasado el tiempo y la exdirigente del Sindicato de los maestros sigue presa en el hospital de Tepepan pero en ese momento el show mediático estaba en marcha.

“El periodismo escandaloso es un perverso hijastro de la cultura de la libertad. No se lo puede suprimir sin infligir a la libertad de expresión una herida mortal. Como el remedio sería peor que la enfermedad, debemos soportarlo, como soportan ciertos tumores sus víctimas, porque saben que si se trataran de extirparlos podrían perder la vida”[3], dice Vargas Llosa.

[1] Vargas Llosa, Mario, “La civilización del espectáculo” Editorial DeBolsillo, 2016, p. 50.

[2] Ibíd, p. 54

[3] Ibíd, p.135

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