La danza de los Diablos

Por: Alejandra Cruz Yepez

“El baile nos regocija, pues olvidamos tristezas, con las danzas de los diablos (…) y los ritos africanos nos reclaman con la artesa”.

Con madera, crin de caballo, cuernos de venado y orejas de burro, es como se elaboran las máscaras para la famosa Danza de diablos, ejecutada por los afrodescendientes que habitan la Costa Chica de Guerrero.

Enmascarados y acompañados con la música salida de una quijada de burro, la cual es raspada con una charrasca o pata de venado; un guaje, usado como tambor, mejor conocido como bote del diablo y una armónica, estos diablos salen a recorrer las calles.

Con pasos violentos y moviendo la cadera, bailan sin cesar al mando de Tenago o diablo mayor, y La Minaga, su esposa. El diablo mayor grita: ¡Ruja! y es entonces que el zapateado comienza.

Esta danza se ejecuta los días 1 y 2 de noviembre, cuando personajes de largas barbas y bigotes, vestidos de negro o con ropa en jirones exigen su ofrenda.

Con esa fuerza y tenacidad que califica a los danzantes se festeja a sus antepasados africanos que vivieron en situación de esclavos hace 500 años.

Esta danza proviene de la época Colonial, cuando los hacendados españoles que vivían en las costas tuvieron que emplear la mano de obra de los esclavos negros para trabajar largas jornadas laborales.

En México, estos hombres fueron llevados a las plantaciones en Veracruz, Morelos y Tabasco, así como Oaxaca y Guerrero.

Particularmente en la Costa Chica de Guerrero, distintas comunidades aún preservan y ejecutan la Danza de los diablos uniendo y conjugando dos culturas: la de los pueblos mexicanos y la de aquellos africanos que fueron llevados hacia nuevas tierras.

En una entrevista para Los Ángeles Press, García Zavaleta, director de coreografía, expresó que La Danza de los diablos es una manifestación que expresa la fuerza cultural que los afrodescendientes traían reprimida. Cuando pidieron a los hacendados hacer bailes, la iglesia no los aceptó ya que no los veía como personas; así que al existir tal prohibición, y no poder bailarle ni a dios ni a sus santos, decidieron bailarle al diablo.

De este modo es que sus vestimentas se asemejaron a lo que la iglesia consideraba como diablo, poniéndose cuernos y barba, acompañados de movimientos que dieran miedo. Estas coreografías son una recomposición de las tradiciones de pueblos africanos e indígenas, como manifestación ante la evangelización de las misiones.

El baile, que continúa vigente, está compuesto de 12 a 36 elementos que se mueven en círculos de frente, círculos de espaldas, de atrás hacia adelante, zapateando, mostrando la máscara y realizado movimientos llenos de fuerza.

La Danza de los Diablos es un ritual en honor al Dios Negro Ruja, a quién honraban y pedían ayuda para liberarse de las duras condiciones de trabajo.

Actualmente el concepto de adoración al Dios Ruja se ha sustituido por la veneración de los muertos, por lo cual se baila únicamente los días 1 y 2 de noviembre y se acostumbra que los danzantes recorran las casas donde se encuentran altares de muertos, en las que se baila y se come.

Como símbolo o encarnación de los muertos, los diablos se hacen presentes en los cementerios desde el 31 de octubre.

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