La consagración de Joselito y un trincherazo de “el Pana”

Burel

Es una fecha histórica la que se presentó en la Plaza México; antes de hacer el paseíllo ya era importante. Primero el anuncio del Pana que es el torero con más edad del mundo taurino. Torero que sabe generar espectáculo y controversia para los aficionados. Morante de la Puebla artista en plenitud y maestro remarcado; del cual sólo podemos esperar dos cosas profundamente diferentes: una faena para el olvido o esa faena que queda enmarcada en placas puestas fuera de las plazas y momentos en la memoria imborrables y llenos de emoción para el aficionado. Y cerrando el cartel Joselito Adame que revivió – dejando de ser un torero más en la baraja – para subir los escalones de la tauromaquia mexicana y colocarse como el numeró uno del toreo actual.

–       Mira que parado se queda – Comenta acertadamente un aficionado desde barrera de sol en una plaza que lleno la mayoría del numerado – Este muchacho esta que le sale todo – Remata.

Es el primer toro de Joselito de la ganadería de Montecristo; pues fue cambiado, ya que el que le correspondía de Villa Carmela tuvo un accidente en un burladero y se rompió el pitón – los toros anunciados para el evento eran Villa Carmela, los cuales dejaron que desear, pues aunque tenían fuerza eran poco emotivo-, Joselito sorprendió haciendo quites, llevando alegremente al toro para que se midiera con el caballo. Con la muleta se mostró seguro y con sitio. Sin quitarse la de la cara y sobre todo con grandes derechazos -, pues ese lado era el más amable del toro – y rematando con una estocada de pronto efecto recibiendo. 2 orejas y arrastre lento fueron la recompensa a la gran labor de este torero que se consagró como figura del toreo. De su segundo toro le dieron una oreja, la única que se le podía cortar a ese toro.

El ex-panadero de Apizaco, Rodolfo Rodríguez “el Pana”, hizo más faena en su llegada en carroza y en el paseíllo que con el toro. Cosa que también se agradece pues ya muy pocos toreros lo son fuera de la plaza. A su primer toro le dio unos capotazos, lo dejó en manos de los subalternos en tercio de banderillas, para después con la muleta prepararlo con unos pases incitando y cortando el viaje al toro para después pasarlo completo y toreado con un trincherazo que explotó el “olé” de la plaza más grande del mundo. Este fue el único detalle que regaló a la afición. Se fue entre aplausos y abucheos, y sin trofeos.

Morante de la Puebla se fue con el lado feo de la moneda. Sin dejar algo para la historia del toreo y entre pitos para él y sus toros por parte del respetable.

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