Kambó: la ranita milagrosa

Por: Camila Sánchez Bolaño

@CCamsanchezb

Mi pulso se eleva, mi cara se hincha, mi cuerpo suda por todas partes. No puedo respirar y estoy completamente segura de que en cualquier segundo voy a morir.

Las medicinas naturales representan uno de los más grandes tabúes de nuestros tiempos. Para los escépticos no es posible entender que haya quienes prefieren curarse una gripa con un té de jengibre que ir al doctor a que se les recete una de las miles de medicinas que la ciencia moderna ha inventado.

Pero también existen los tradicionales, los que no pueden entender cómo alguien prefiere llenar su cuerpo de medicinas sintéticas creadas en un laboratorio sin pensar que en la naturaleza existen tantas opciones, medicinas que han curado a nuestros ancestros y que siguen siendo usadas por muchas tribus indígenas de todo el mundo.

El Amazonas, en Brasil, es un paraíso de la medicina natural, plantas como la Ayahuasca han curado a personas de enfermedades tan graves como el cáncer. Y es ahí, a las orillas del río más caudaloso del mundo que hace cien años se descubrió una medicina que podría llamarse “milagrosa”: el Kambó.

El Kambó es una pequeña rana verde y brillante que vive entre las lianas del Amazonas, es una rana extremadamente venenosa, pero las tribus del Amazonas no la ven como una rana mortal, más bien la ven como una oportunidad de curarse y de protegerse de enfermedades tan fuertes como la malaria, el cáncer o la depresión.

La secreción natural del Kambó contiene una sustancia que actúa como poderoso energizante natural y aumenta la eficiencia del sistema inmunológico. Lo primero que hace es estimular el sistema nervioso simpático y después el parasimpático. Es como si el organismo fuera limpiado por completo en 15 minutos.

“El Mestre me mira, indicándome que yo soy la siguiente, así con los nervios de punta me  siento a su lado y descubro mi brazo. Él toma una varita hecha de la saliva de hormigas –que en el Amazonas es usada como antinflamatorio natural- y con ella quema cinco puntos en mi brazo, después toma el veneno de la rana, que es blanco y espeso y que se encuentra en una tablita de madera que el Mestre trajo desde Brasil. Así me coloca la medicina sobre las quemaduras que anteriormente había hecho en mi piel”.

Cundo termina de colocar el veneno en las quemaduras camino para sentarme en una esquina bajo la sombra. Pronto comienzo a sentir que el veneno corre por mis venas, por todo mi cuerpo. En el primer lugar en donde lo noto es en mi pulso, que se precipita por segundo y mi corazón late más rápido de lo que nunca lo había hecho. Ahora sudor cae por mi cara, mis manos, mi nuca y mis axilas, poco a poco empiezo a sentir mi pulso en los oídos y en las sienes. Mi garganta está completamente cerraba, al punto en que no puedo respirar. Mi boca y mis manos se hinchan imitando a una rana cuando se le pone en una situación estresante.  En verdad no puedo respirar, estoy segura de que en cualquier segundo voy a morir”.

La investigación científica sobre la secreción de esta rana se inició en la década de los 80, cuando el científico italiano de la Universidad de Roma, Vittorio Erspamer (Nominado al premio Nobel), escribió que la secreción de la rana contiene un “cóctel fantástico, con posibles aplicaciones médicas, no igualado por ningún otro anfibio”.

Hasta ahora, los investigadores han encontrado nueve activos en el Kambó que tienen un potente efecto sobre los músculos gastrointestinales, las secreciones gástricas y pancreáticas, la circulación sanguínea y en la estimulación de la corteza suprarrenal y la glándula pituitaria.

“Miro fijamente al piso y a la cubeta que se encuentra frente a mi esperando mi vomito, intento concentrarme en cualquier tontería, lo que sea, menos en que estoy muriendo. ¿En qué momento decidí hacer esto?

La idea de que ésta vacuna puede curarme de todo mal me tranquiliza, pero no lo suficiente. Siento a mi estómago enojado y siento el vómito que en él se está formando. Pero la cerrazón en mi garganta no me permite vomitar. Alguien aconseja que ponga mis dedos en la garganta y en cuanto lo hago todo lo que mi cuerpo guardaba sale disparado para caer en la cubeta. El Mestre explica que eso que vomito es pura bilis, y que en ella se concentran todas las enfermedades y todos los males, no solamente los físicos, también los de la mente y los del alma”.

Las tribus amazónicas confían plenamente en esta vacuna, pero también existen quienes consideran que este método de curación es extremos y que puede llegar a ser muy peligroso. El profesor Carlos Jared, director del Laboratorio de Biología Celular de Butantan, en Brasil, dice que si el veneno de esta rana no es aplicado bajo extrema vigilancia y cuidado y por alguien que conoce por completo la medicina, el veneno puede llevar al sujeto a la muerte.

La realidad es que este tipo de medicinas -que hoy son conocidas como “alternativas”- pueden ser verdaderamente efectivas dependiendo en la aplicación que les demos y en lo constantes que seamos con las indicaciones que los sabios nos dan. Pues la simple aplicación de estos medicamentos no funciona como una cura mágica a todos nuestros males, más bien nos encamina a llevar una vida más sana, limpia y, sobre todo, consciente.

Sólo faltan cinco minutos y todo comienza a parecer más fácil. Han pasado quince minutos desde que me aplicaron el Kambó y mi cuerpo va regresando a la normalidad. Al terminar el Mestre se acerca a mi y me aplica en los ojos una recína llamada Sanga, (esta limpia por completo los ojos, un tratamiento de Sanga puede incluso curar cataratas). Mis ojos arden como nunca lo habían hecho antes, pero todo es por mi bien. Cuando puedo abrir los ojos me levanto de mi lugar para lavar mi cubeta y me noto renovada, nunca había tenido tanta energía, nunca me había sentido tan limpia, tan llena de vida y tan feliz.

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