Cómo ir a la iglesia sin salir siendo un devoto

Cómo ir a la iglesia sin salir siendo un devoto

Por: Gerardo Álvarez García

Fuera de la iglesia católica existen muchos misterios, con miras hacia el Vaticano las personas ven los excesos  y lujos de una de las iglesias con más fieles e ingresos a nivel mundial,  mi intención al tocar ese portón negro de la iglesia de San Hipólito ubicado en la calle de Zarco, era encontrarme con algún sacerdote, pero no se encontraba ninguno de ellos, me senté en una especie de cochera que a la vez era la entrada de las oficinas, justo en frente de mi, un reloj digital que marcaba la hora y la fecha, eran las 12:58, el vigilante se me acercó de nuevo y me dijo “acaba de llegar la contadora, ¿Quieres hablar con ella? En ese momento el concepto de la entrevista cambió radicalmente en mi pensamiento, tenía la oportunidad de hacer una entrevista diferente a lo acostumbrado, los sacerdotes hablan de lo que es políticamente correcto para el Vaticano, respuestas casi institucionales que varían del lenguaje y un poco de opinión del cura, ahora en mis  manos tenía la oportunidad de aprender algo de la logística con la que se lleva un templo, asentí con la cabeza.

Vestía un pantalón negro, usaba tacones, de tés morena, cabello negro y largo hasta la altura de los codos, cuando se acercó parecía algo nerviosa, me permitió entrar a su oficina y comenzó el convencimiento para que aceptara la entrevista, su nombre, Verónica Melgoza Martínez.

Lo primero que hizo fue advertirme que había temas que no se podían tocar en una entrevista, seguía notándose nerviosa, por lo que le aclaré que únicamente iba a grabar su voz, con esto se tranquilizó un poco, para entrar un poco en confianza le hablé de mi pasado como monaguillo, le causó gracia, desde ahí comenzó a soltarse, tenía una mirada tibia, las manos sobre el escritorio y unidas por los dedos, justo detrás de ella , al lado derecho se encontraba un cuadro de San Judas Tadeo, del  lado izquierdo uno de San Hipólito y en el centro uno de la Virgen de Guadalupe.

Su devoción era principalmente a San Judas y a la Virgen, debido a haber sido bendecida con milagros y ser testigo de un milagro increíble, apenas meses atrás uno de los señores que trabajan en la azotea del templo en los arreglos, cayó y se impactó de seco contra el piso, los doctores lo daban por muerto, se rompió huesos, tuvo problemas en los pulmones y una fractura en el cráneo, todo esto lo llevó a tener 3 infartos, no había nada que hacer, pero ella, la esposa del hombre y todos los integrantes de esa iglesia pidieron a San Judas por él, hoy en día el señor ya puede caminar con ayuda de unas muletas, pasó de ser una persona que tenía las horas contadas, a ser un milagro más atribuido a San Judas.

Está devoción la llevó a aceptar encabezar la auditoria correspondiente al fin del trienio del sacerdote ecónomo de la administración pasada, le agradó su trabajo al nuevo sacerdote que la invitó a trabajar con él, no lo pensó 2 veces, su devoción y fe le estaban pidiendo ayudará a llevar la administración del templo, si esto fuera poco, además aceptó trabajar por honorarios y no con un sueldo base como todos los demás trabajadores.

Tocaron a la puerta de su oficina un par de veces, al ser una puerta de metal con vidrios decorados en el centro, ella simplemente a señas pedía le aguardaran un momento afuera, esto provocó estrés en su rostro, y ¿cómo no? Si faltaba tan sólo una semana para el 28 de mes, el día más pesado en cuanto a feligreses, por lo que su trabajo ya debía haber comenzado, preparando el presupuesto, revisando que faltaba y alistando el templo para que esté en óptimas condiciones.

Hubo un llamado que no pudo negar, era uno de los 6 sacerdotes que residen dentro de la iglesia, para ser más específicos, quien se encarga de la administración junto con ella.

Era un hombre de estatura mediana, cabello más cano que castaño, enrojecido por el sol, de complexión mediana, vestía una playera gris y un pantalón color caqui, tenía una voz grave, rasposa, algo imponente como para un sacerdote, charlaron alrededor de 5 minutos, hablaban precisamente de dinero, faltante, restante, cambio y proveedores.

Cuando cerró la puerta suspiró y afirmó lo antes mencionado, el 28 del mes se acercaba y su trabajo se intensificaba, sonrió y volvió a su postura anterior, los codos en el escritorio y las manos unidas por los dedos, contestó cada una de las preguntas con fluidez, pero por momentos parecía perderse en sus pensamientos.

Presionados por el tiempo que se nos venía encima, pues eran ya las 2 de la tarde, culminamos la entrevista teniendo en claro algo, para trabajar en una iglesia se debe tener una fe ciega, que nos permita pasar por alto algunas normas quebrantadas, pero sobre todo, mucho amor por su Dios.

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