Idiosincrasia del mexicano

Idiosincrasia del mexicano

Por: Fernanda Figueroa Castellanos

Mientras Lourdes Arizpe reconoce la originalidad del mexicano, José N. Iturriaga habla sobre una mezcla de culturas que da un resultado identificable. Y muy bien lo decía Samuel Ramos cuando analizó el comportamiento del mexicano: no aceptamos críticas y las vemos como un enfrentamiento a nuestro ego. Algo difícil e inconcebible ante la mente mexicana. Una causal de pataleos, berrinches y ojos ciegos.

El mexicano es creativo, sin embargo, lo es cuando hay una necesidad de por medio. Y ahora se puede ver en redes sociales, donde es muy popular el llamado “ingenio mexicano”: Una serie de imágenes de arreglos hechos en casa y con los recursos que se tienen a la mano, ya sea una alberca para los niños hecha de una llanta o una regadera hecha con una botella de plástico con varios agujeros en la base. Asimismo, la mercadotecnia ingeniosa utilizada por mexicanos es algo que ha causado risas y miles de “likes” en redes sociales. “Soldamos todo menos un corazón roto” se lee afuera de un negocio mexicano. Un joven de 15 años vende empanadas en Acapulco de una manera muy peculiar y se vuelve viral. Estos ejemplos son sinónimos del ingenio y creatividad distinguibles del mexicano y es así que la famosa revista Forbes, conocida por sus listados, el año pasado realizó una lista de los mexicanos más creativos, donde figuran cineastas, empresarios, literatos, entre otros.

Sin embargo, no vamos más allá de la necesidad. Necesidad misma que hizo que el negocio instalara una lona con una leyenda chusca para darse a conocer, y la misma que hizo que el joven preparara un discurso de ventas diferente a lo que ya conocemos. Esto va aunado a que el mexicano trabaja para vivir, no vive para trabajar. Me explico. La economía mexicana, en pleno 2016, no es más que 73.04 pesos diarios. Cifra que muchos mexicanos intentan incrementar lo más que puedan, no importando lo que deban hacer ni las horas de producción. Pocos son los mexicanos que gustan de su trabajo y que van ad hoc a lo que decía Confucio: “elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un día de tu vida”. Según un estudio realizado por una página web dedicada a la industria laboral, el 78% de los mexicanos no son felices con su trabajo. Es más la necesidad de mantener a una familia que las oportunidades para decidir a qué queremos dedicarnos. Es por eso que lo ocurrente del mexicano nace con la necesidad.

Sin embargo, el mexicano es conocido por la desidia, por el conformismo y por el “ya ni modo”, “Dios dirá”, entre otras frases que intentan amortiguar el desacuerdo y el fracaso. Y es que el mexicano critica al mismo mexicano, diciéndole qué es lo que hace mal. Últimamente, y gracias a las redes sociales, se ha podido comprobar esto con frases como “por eso México está como está” o “por eso México no progresa” que abundan en las diferentes plataformas como forma de protesta hacia algo, mayormente relacionado al gobierno y a la corrupción. Sin embargo, el mismo mexicano es aquél quien prefiere empujar en el vagón del metro para agarrar un lugar no importando quién lo necesite, quien pide favores a seres espirituales para que se le conceda algo sin ponerse a pensar en qué ha hecho para conseguirlo, quien se resigna ante su situación y no se ocupa, es el mismo que dice que somos conformistas.

Como lo dije anteriormente, el mexicano se encarga de criticar al mismo mexicano. Se hacen diferencias y se divide la sociedad, la discriminación va en aumento cada día. Según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, un estimado de nueve de cada 10 indígenas ha sido discriminado por la etnia a la que pertenecen y por su apariencia. Esto nos habla de una falta de solidaridad, que si bien algunos afirman que es una característica del mexicano.

No obstante, la idiosincrasia mexicana es caracterizada por reírse de las tragedias, tanto así que celebramos el Día de Muertos y redactamos calaveritas como una burla a la muerte. Las redes sociales y los llamados “memes” son prueba de esto, y es que cuando Donald Trump, después de humillar a los mexicanos, adjetivarlos como secuestradores o violadores y prometer construir un muro, ganó la presidencia, las frases como “ya vayan preparando el cemento” se hicieron virales y causaron cierto regocijo y risas entre los mexicanos. Imágenes haciendo alusión a la construcción del muro con Enrique Peña Nieto como protagonista se hicieron virales y causaron gracia ante una situación que podría ser delicada.

Ya sea que todo esto conforme la cultura original de la que habla Arizpe o la mezcla de Iturriaga, el mexicano tiene una necesidad, es ocurrente, no le gusta su trabajo, critica a sus semejantes, es conformista y todavía se ríe de eso. Y si se ofende con estas letras, sabrá que Samuel Ramos tenía razón.

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