Hambruna exprés… ¡La cocina dejó de ser nuestra patria!

Hambruna exprés… ¡La cocina dejó de ser nuestra patria!

Por: Leonardo Miguel Chavarría Villalba

Los hombres defienden su patria y su raíz no sólo con los colores de su escudo, sino con la tradición de su cocina. Quemar una bandera es tan blasfemo como tirar la comida, escupir en un platillo es un acto más bárbaro y cortar el pan con un cuchillo es hecho demasiado violento. Comer era una acción que precedía un proceso lento y extenso: la casa, la recolección, la preparación, la conservación y, por fin, la digestión. Hoy, tener hambre es un padecimiento que se dice fácil, pocos hemos sentido realmente qué es el hambre. Nos auto engañamos. En un mundo de procesos rápidos, el alimento ya es estirar-la-mano. Abrir la boca y cerrarla. Este atajo nos convirtió en seres que ahora no tienen respeto por la comida. Nos hemos alejado de la cocina.

En la cultura maya, el hombre nació del maíz; en la mitología sintoísta del arroz. Según aquellas culturas, nosotros debemos nuestra existencia a los alimentos. La papa, por ejemplo, nacida en Los Andes, se llevó por primera vez a Europa durante el siglo XVI. Su fácil cultivo hizo posible que miles de campesinos europeos lograran comer. Cuando sucedió la Gran Hambruna Irlandesa de 1845 a 1852[1], todo fue culta de la papa: los campos no tenían tierra suficientemente fértil para que aquel tubérculo creciera.

Un millón de irlandeses murieron en aquel evento, lo que convocó a otros millones a migrar al Nuevo Continente ─particularmente Nueva York─. El movimiento masivo de hombres a América y al resto de Europa[2] por culpa del hambre logró que existiera un mayor número de personas dispuestas a trabajar en las fábricas. La Revolución Industrial había empezado gracias a un estómago vacío. Tal vez se lea demasiado determinante, pero a final de cuentas, el hambre nos hizo evolucionar.

La producción masificada de alimentos logró que miles de gobiernos dieran de comer a sus ciudadanos. Sin embargo, los alimentos procesados llevaron a cabo la creación de cuerpos que consumen excesos de azúcares, sodio, grasas e hidratos de carbono. Los productos enlatados tenían sentido cuando eran reservados exclusivamente para las trompas en guerra, pero ahora su consumo alejó a los hombres de lo que los hizo hombres: la comida y su preparación. O séase, su verdadera patria.

¿Es la bandera de una cadena de comida rápida un estandarte del comfort-food y de la indulgencia del antojo? En Italia, uno de los países más estrictos con la preparación de su cocina, ya está disponible un nuevo producto que rebasa cualquier límite: McDonald’s lanzó al mercado una hamburguesa de Nutella que espera distribuirse en otros países. De la misma manera en que una hambruna desplegó a millones, ahora la comida migra a otras naciones con el efecto segundario de crear una pandemia de obesidad.

Hasta hace poco, la Secretaría de Salud emitió una declaratoria de emergencia por el exceso de diabéticos y de gente con sobrepeso en el país. Una epidemia que mata aproximadamente a 98 mil mexicanos al año[3] Estos son hombres que pervirtieron los rituales de la comida por el del consumo fácil y rápido. Ahora comer menudo o tamales dejó de ser un acto que se hacía sólo en bodas y otros festejos.

A consecuencia del fácil consumo de los alimentos, paradójicamente nos hemos alejado de éstos. Si hablamos de ética y tradicionalismos, sería correcto disfrutar de una hamburguesa con Nutella, pero con la única condición de que el hambriento prepare todos los ingredientes. Finalmente acercarse a la cocina es acercarse a uno mismo.

[1]https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_hambruna_irlandesa

[2] History through the eyes of the potato – Leo Bear-McGuinness (2015): https://www.youtube.com/watch?v=xROmDsULcLE

[3]Emite la Secretaría de Salud emergencia epidemiológica por diabetes mellitus y obesidad: https://goo.gl/17nHzz

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