¿Es necesaria la religión?

¿Es necesaria la religión?

Por Tania Juárez

A menudo cuestiono la función de la religión en la sociedad, critico a los creyentes, el conservadurismo y postura ideológica, la necesidad imperiosa que tienen sus representantes por inmiscuirse en decisiones políticas y aspectos legales; no me refiero a una religión en específico, pese a quecrecí en el seno de una familia católica, estudié nueve años en un colegio perteneciente a los Legionarios de Cristo y ante un hecho de pederastia clerical que ocurrió en la institución decidí abandonar la formación orientada hacia la religiosidad; quizás esto explique el por qué de mi duda sobre la función de la religión en la sociedad, ¿es realmente necesaria? ¿Podemos prescindir de ella?

Las historias sobre guerras, discriminación producidas por la religión, son pruebas fehacientes de que no la necesitamos para nuestra existencia, es más han causado un daño terrible que podría ser evitado eliminándola, con ello se iría el machismo, la pedofilia, corrupción, discriminación y la intolerancia ante la diversidad de creencias. Este cambio es un ideal, sobre todo si le atribuimos todos los males al culto, pero no sucede así, estos problemas no siempre se generan dentro del ámbito religioso, si bien el surgimiento de estos grupos han contribuido a que se produzcan con frecuencia y se perpetúen, dependen de la susceptibilidad del individuo a la persuasión y la salud mental para que este participe.

En 1968, en San Miguel Canoa, Puebla, la comunidad fue incitada a tomar justicia por propia mano, debido a un complot que inventó el sacerdote Enrique Meza Pérez en el que los extraños iban a quemar cosechas y violar a las mujeres vírgenes, tras el temor transmitido por el párroco, decidieron linchar a cuatro excursionistas de la Universidad de Puebla y al campesino que los hospedaba.

Estos hechos pasaron inadvertidos en la época, sólo a través de la película Canoa, 1975 de Felipe Cazals se logró documentar lo ocurrido en el lugar. El cura salió ileso ya que era dueño de todo y su poder de convencimiento otorgado por la fe religiosa propicio que estos hechos se efectuaran con total impunidad y se justificaran ante el miedo que predominaba en la población.

La idea provino de un representante de la Iglesia Católica, pero toda una comunidad se armó por la idea de un hombre, esto no sólo habla del dominio que la religión tiene en la vida de las personas sino de la facilidad para deslindar responsabilidades y encontrar una justificación perfecta para cada situación.

-¿Usted por qué pecó?

– No fui yo, fue el demonio que me tentó

“El demonio es un invento de la Iglesia para culpar a “alguien” de los males del mundo y quitar, con ello, la responsabilidad de los seres humanos”, dice Enrique Maza en su libro El demonio, orígenes de un mito; se vuelve en un ideal eliminar las culpas, actuar conforme a lo establecido por lo espiritual y no tener que rendir cuentas ni como un ejercicio de conciencia.

De acuerdo con un estudio del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) realizado en 1995 sobre las funciones de la religión en la sociedad civil, enuncia uno de los hechos más importantes de las religiones adoptado luego de la secularización,“han vehiculado la dignidad y respeto absoluto al ser humano” heredando normas éticas que forman parte de las leyes que rigen el actual estado laico como: no matar, no mentir y no robar.

De tal modo que hay consensos que son dignos de agradecer, sin que sea necesario el establecimiento de las relaciones del estado con la religión imperante; lamentablemente la Iglesia Católica ha rebasado los asuntos espirituales llevando a cabo una vida de poder y confabulación con la política en la cual logra inculcar una ideología en los católicos que favorece a ambas instituciones.

Retomando el punto principal expuesto en los primeros párrafos, todo este conflicto se puede resumir en la salud mental del individuo. Dice Michel de Montaigne en su ensayo Que filosofar es prepararse a morir: “el placer es nuestro fin… ¿Quién pararía mientes en en el que afirmara que el designio que debemos perseguir es el dolor y la malandanza?”

Ante cualquier problemática recurrimos a algún medio que pueda ayudarnos a olvidar o a vivir mejor, lejos de asistir con un especialista en psicología o psiquiatría que arrancará el problema de raíz.

En este sentido poniendo como ejemplo la adicción a las drogas, no responde únicamente a la búsqueda de placeres y sensaciones; en muchos casos es sólo una justificación ante la falta de resiliencia (la capacidad para superar cualquier situación).

No puedo aseverar que cualquiera logra vivir sin adicciones, porque al parecer son ineludibles como un escaparate de la realidad, necesarias para dormir aunque se este despierto, para evitar la locura y enfatizo el hecho de estar despiertos porque los sueños al dormir generados por el inconsciente, reflejan la realidad de la que se pretende alejar.

Dice Mario Vargas Llosa en La civilización del espectáculo: “Es querer huir del vacío y de la angustia que provoca el sentir mismo y el mundo que nos rodea – sobre todo si éste enfrenta desafíos y dramas – es lo que atiza esa necesidad de distracción, el motor de la civilización en que vivimos”.

Las drogas toman el papel de la religión – en el caso dealgunos ateos que no pueden lidiar con su existencia – estamos frente a un problema de dependencia que predomina en nuestra cultura y afecta la convivencia producto del pensamiento irracional que propone el psicólogo y director ejecutivo del Instituto de Terapia Racional – Emotiva de la ciudad de Nueva York, Albert Ellis, en su filosofía del relativismo o deseo.

“Los seres humanos tienen una gran variedad de deseos, preferencias, anhelos, etc…pero si no se convierten estos en valores relativos en dogmas e imposiciones probablemente estas personas no adquirirán una alteración psicológica.”

El pensamiento irracional predomina sobre todo cuando aparecen los sentimientos de culpabilidad y la religión se jacta de que puede redimir todo; la asistencia a celebraciones o prácticas espirituales, se convierten en el único momento de paz que encuentran los fieles para sobrellevar sus conflictos.

Me parece que los problemas psicológicos son los que hay que atender, aunque es difícil combatir contra las adicciones o fundamentos religiosos pues estos esquivan la realidad y ante la constante búsqueda del placer parece imposible eliminarlas de nuestras vidas.

A los ateos nos obligan a entenderlas por considerar incapaz a la población devota de enfrentar el sufrimiento, y muchos representantes se aprovechan de la situación para efectuar actos delictivos, crear guerras en nombre de Dios, violar niños y mujeres sin que esto tenga una mayor repercusión porque son quienes “ayudan a enfrentar los problemas” los mediadores entre el bien y el mal y sería imperdonable demandarlos. La ciencia dice que todos tenemos la capacidad de resiliencia, la religión puede ayudar pero no debe dominar nuestro pensamiento, nuestras vidas en el ámbito público y privado, y así como se conformó el estado laico considero posible prescindir de ella.

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