En los jardines del inframundo

Por: Estefanía Tinajero

 Los Jardines de México, ubicados en el estado de Morelos, son los jardines florales más grandes del mundo, ya que cuenta con nueve zonas temáticas de diferentes países y para muchos sirven como una escapatoria cercana para todos los que necesitan un respiro de la agitada Ciudad de México.

El sábado 29 de octubre, este enigmático escenario fue testigo de la primera edición de Xibalaba: festival internacional del día de muertos, llamado así por la palabra maya xibalbá que significa inframundo.

Uno de los principales organizadores del festival es Pronatura, que se enfoca en el cuidado del medio ambiente, con la intención de crear una campaña de concientización y recaudar fondos para especies en peligro de extinción, esta vez estará centrado en el jaguar.

Este festival, claramente enfocado en la música electrónica, tiene headliners  como el dueto noruego Röyksopp y los estadounidenses Pillow Talk. También contó con participaciones de Chasing Kurt, Matthias Meyer, Just Her, entre otros.

Xibalaba muestra que no es como los otros festivales, ya que serían 22 horas de música continua y cuenta con un área especial para los que quieran acampar, ya que las actividades concluirían el domingo a las 10 de la mañana.

El festival inició a las 12 del día en una dimensión extraña en donde hay una fusión de la música y el calor con el tradicional día de muertos. Los dos escenarios parecen estar “escoltado” por dos catrinas más altas y vestidas de rojo.

Mientras la música del DJ mexicano Chuck Pee sonaba de fondo, la gente, en su gran mayoría jóvenes, comienzaban a poner sus tiendas de campaña, en la parte de atrás del escenario.

El área en donde están localizados los food trucks, estaba a reventar, probablemente porque todos querían descansar y  guardar pilas para la larga jornada de música electrónica que los espera.

Mientras el sol se metía comenzaron a llegar más personas.  A las seis de la tarde tocó el turno del grupo Pillow Talk, uno de los más esperados. El público sin duda compartió su energía con el grupo creando una atmosfera en donde solamente existía la música.

Alrededor de las ocho de la noche, ya reinaba la oscuridad y simplemente fue decorada por las luces que se  sincronizaban con la música. En medio de los escenarios un globo aerostático con la forma de la famosa Catrina, iluminó  todo y se comenzó  a  elevar, los asistentes aplaudieron  y apreciaron el bonito paisaje que logró  crear este festival.

Mientras más entraba la noche, llegaban más jóvenes, todos listos para esperar la música de Röyksopp, que de acuerdo al horario, subirían al escenario a las dos de la mañana.

Cuando llegó la esperada hora, el dúo noruego subió y comienzó a hacer lo suyo, a pesar de ser tan tarde, la gente disfrutó como si fueran las dos de la tarde y es que el clima cálido de la madrugada claramente también influyó.  Al terminar de tocar Röyksopp se despidieron , dejando a sus fans con ganas de más.

El público se comenzó a dispersarse, unos se quedaron ahí en la espera de Matthias Meyer, algunos se fueron a sus casas de campañas, otros  salieron al escenario dos, en donde estuvo el alemán Jonas Woehl y sólo una mínima cantidad de gente se fue a los autobuses que los regresaron a realidad de esta extraña e inolvidable experiencia.

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