Empezó con el mameluco rosa

Empezó con el mameluco rosa

Por: Ana Laura Jiménez Flores

 “Es mucho más fácil modificar los hechos de la naturaleza que los de la cultura”

Evelyne Sullerot, Le fail feminine

Soy mujer. La sociedad decidió que conforme mi biología era mi rol en este mundo. Después de mi nacimiento se me vistió con prendas rosadas que pretendían definirme; mamelucos rosas, vestidos floreados, moños y faldas me marcaban como un sujeto femenino.

En la infancia, más que jugar, se me preparaba para que en mi edad adulta desempeñara el rol de esposa y madre. Los “juegos” eran cuidar a un bebé; un muñeco de plástico que me pedían constantemente que lo abrazara, alimentara y cambiara el pañal; jugaba a cocinar; a ir de compras. Y es que la educación que se da a las niñas, en su mayoría, es inculcarles los valores de la maternidad y haciéndoles ver que esa es la manera femenina de realizarse como personas.

La vida como hembra humana no es fácil, partiendo desde que la mujer se vuelve esclava de su organismo, de la función reproductiva, de la pubertad; cada mes la menstruación y al final, la menopausia, Aunque ambos géneros somos diferentes no significa que se tenga que ver a la mujer con inferioridad, o que tiene que haber un destino o rol definido; tampoco que a ésta se le quiera dar un papel subordinado. 1

“La mujer no es oprimida por ser diferente, sino que es oprimida y es esa opresión es la que pretende legitimar en la diferencia”. Es ésta quien siempre se halla bajo la tutela de los hombres y sufre pasivamente su destino biológico.2 Hay que rechazar la idea de que la biología marque el destino.

“Los estudios de género han dejado entrever que los códigos, significaciones y representaciones tanto del hombre como de la mujer son producto de la cultura; son asignados diferencialmente y asimétricamente a partir de los roles sexuales asignados por el género (…) Las instituciones sociales como la Familia, la Iglesia, el Estado, la Escuela, y otras instituciones eternizan las diferencias sexuales y la dominación como algo natural, biológico y no como algo cultural e histórico que es producto de la misma sociedad”.3

Las oportunidades de trabajo son diferentes para hombre y mujer, al igual que los salarios.  La discriminación en el ámbito laboral es común porque aún hay mentes  retrógradas que creen que la mujer no puede desempeñar un trabajo más allá del de criar y realizar los quehaceres del hogar. Son las faenas domésticas, a las que la mujer suele estar dedicada, las que se reproducen día a día de tal forma que se perpetúan sin cambios, esta desigualdad es pasiva y nadie le presta la suficiente atención, pero lo más preocupante es la violencia que se vive; un tipo de violencia que se intenta justificar en la diferencia de género.

El feminismo es una propuesta vigente, es necesario. Lo es para recordarle a las miles de mujeres que sufren o sufrieron violencia intrafamiliar que no tienen que aguantar maltratos y que no hay justificación para permitirlo, que hay que levantar la voz y exigir derechos. Erradicar las frases que una sociedad guiada por el machismo les repitió constantemente hasta que lo creyeron; “te pega porque te quiere”, “es tu culpa”, “para eso estás”, “por eso eres su esposa”.

“El sujeto femenino se construye con base en el conjunto de normas que dicta la sociedad y la cultura sobre el comportamiento; las actitudes y los valores que las sostienen se distinguen en función del género; en otras palabras, la desigualdad está sexualizada”.

Soy mujer y mi condición me hace vulnerable. Al salir a la calle sufro acoso; recibo miradas morbosas de parte de extraños, chiflidos y frases que me hacen sentir incómoda, lo peor de todo es que esto paso a ser normal en la vida de las féminas, sigue siendo molesto, pero las mujeres ya nos acostumbramos a que esto pase.

Ahora nos enfrentamos a un problema más grande; los feminicidios, primero fue  Ciudad Juárez y ahora es el Estado de México el que tiene el número uno en casos de asesinatos a mujeres. Se activó una alerta de género después de 6 años de que la violencia contra las mujeres empezara a ser prominente. Mujeres violadas y golpeadas aparecían muertas, otras no aparecían; se hablaba de secuestros. Las mujeres jóvenes que desaparecían seguían un mismo perfil: cabello negro y largo, delgadas y de tez apiñonada, muchos sospechaban a donde terminaban, o sea, víctimas de la trata de personas, en la prostitución, era eso o en un lote baldío en una fosa apenas profunda.

Y es en la prostitución, como se menciona en un texto de José Luis Ferreyra, donde la prostituta no tiene los derechos de una persona, en ella se resumen todas las figuras de la esclavitud femenina. Las prostitutas son objeto, mercancía, maniquíes de carne y hueso que lo que ofrecen es su sexo y las prendas son sus herramientas de trabajo. Son controladas, la relación social de los sexos está organizada de tal modo que los hombres dominen y las mujeres se sometan.

“Todas las formas en las cuales las mujeres son suprimidas, sujetadas, restringidas, violadas, objetivadas se reconocen como aquello que el sexo es para las mujeres y que esto constituye el significado y el contenido de la femineidad. Que femineidad significa: interiorización, control y uso”.4

Soy mujer y soy feminista porque “el hecho de que exista una minoría privilegiada  no compensa ni excusa la situación de discriminación en la que vive el resto”. Me acerqué al feminismo porque creo que la teoría se puede llevar a la práctica, que la igualdad de derechos ante la ley no una idea descabellada  sino algo por lo que vale la pena pelear.

“No se nace mujer, llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización en conjunto es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que califica como femenino”.5

Hay que reivindicar el feminismo, es una nueva época, diferente a en la que surgió y las peticiones son otras pero que al final vuelven a las bases de su creación: exigir una equidad de género y que se deje a un lado ese machismo del que muchos, tanto hombres como mujeres, son víctimas.

Soy mujer y abogo no por mi género sino por mi condición humana. Sin negar de mi biología pero sí del rol que la sociedad quiere encomendarme por ella, y es que todo empezó desde que creyeron que un mameluco rosa definía mi destino y mi valor.

 

Bibliografía

Mujer y violencia, El feminismo en la era de la globalización. José Luis Ferreyra. Cap. Merced: prostitución, género y violencia.

McKinnon, A. Catharine, Feminism Unmodified. 1987

Olympe de Gouges. (1791). Declaración de los derechos de la mujer. septiembre 2012, de Culturamas

De Beauvor, Simone. El segundo sexo (1949). Edición en español. Edición 1, México, 2011, Debolsillo.

Hierro, Graciela, Ética y feminismo, México Ed.UNAM, 1985.

Montes de Oca, María del Pilar.De todo, excepto feminismo: indagaciones acerca de las palabras, la vida, el amor y el género. México, 2012, Lectorum

Castellanos, Rosario, Sobre Cultura Femenina, México. Eds de América, Revista Antologica, 1950.

1De Beauvor, Simone. El segundo sexo (1949). Edición en español. Edición 1, México, 2011, Debolsillo.

2 McKinnon, A. Catharine, Feminism Unmodified. 1987

3 Mujer y violencia, El feminismo en la era de la globalización. José Luis Ferreyra. Cap. Merced: prostitución, género y violencia.

4 Hierro, Graciela, Ética y feminismo, MéxicoEd.UNAM, 1985.

5 De Beauvor, Simone. El segundo sexo (1949). Edición en español. Edición 1, México, 2011, Debolsillo

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