Emociones de un desequilibrado

Emociones de un desequilibrado

Por: Julio Colín

Dani Martin es un músico en búsqueda de la verdad. Es un concepto que aparece en cada entrevista a la que se somete. Nunca se contradice. Es como si tuviera la necesidad de decirle al mundo lo que piensa y siente. Es un hombre en búsqueda de la sinceridad.

Su nuevo álbum La montaña Rusa, está plagado de eso. Sus composiciones las siente como una especie de oportunidad para reivindicarse consigo mismo, “tengo la suerte de poder meterme en una habitación como esta, darle a grabar y ponerme a tocar, y que me salga toda la mierda que llevo dentro y vomitarla (…)”.  Es un disco en el que, citando a Javier Menéndez, ha vuelto a hacer gala de su fragilidad.

Una montaña rusa es ese juego mecánico en el que por momentos estás en la cima evitando ver hacia abajo por miedo a lo que encontrarás, y por ende, a lo que sentirás. Es un juego al que Dani Martin disfruta de vivir, de sentir. Así es su vida, un sube y baja de emociones incontrolables. Arancha Moreno, en Emociones de un Equilibrista, logra describirlo: “Lucha contra las emociones, contra las subidas y bajadas del amor y el desamor, contra los sentimientos de sentirse la persona más afortunada del mundo antes de dejar de serlo, contra las dudas del amor que caduca, los miedos de no ser correspondido o no corresponder, contra las incertidumbres de ese sentimiento capaz de elevarnos y hundirnos sin límites”. Y como bien lo dice Arancha, es un combate contra sí mismo.

Ya no se identifica con ese joven de El canto del loco. Ahora podemos ver a un Dani Martin sentado en un sillón, en Abbey Road Studios, quitado de la pena manejando los controladores de las consolas, disfrutando de su música.  Disfrutando de hacer música en el mismo lugar donde Los Beatles grabaron casi la totalidad de sus discos, donde también Pink Floyd, Michael Jackson, Fredy Mercury, Amy Winehouse y Gustavo Cerati estuvieron presentes. A pesar de eso, Dani Martin es un artista que se cree alejado del arte. En una conversación con Cristina Pacheco, ella lecuestiona: “El arte no puede existir sin sinceridad y sin verdad. ¿Qué te llevó a ser tan sincero frente a ti mismo?” Contesta: “Bueno, yo creo que hago canciones para sacar lo que llevo dentro. A veces digo que no me considero ni artista ni músico, creo que la música me ayuda a mí a poder sacar todo lo que llevo dentro”.

Para él la posibilidad de generar emociones en alguien más a partir de sus sentimientos más íntimos, es lo que, por ejemplo, ha llevado a Bob Dylan a ganar el Premio Nobel de Literatura. En la presentación de La Montaña Rusa, ocurrió algo a lo que Cristina Pacheco denominó como arte efímero, en la que Dani Martin dio un paseo por las calles de Madrid, subido en un turibus junto a los miembros de su banda, tocando en vivo las canciones del nuevo disco. En la Gran Vía, cuenta, logró convocar a más de 50 mil personas. Se encontraron con “todo el mundo súper educado, súper civilizado, la policía sonreía, era todo como de cuento”. Agrega: “Creo que los que estuvimos ahí, ya no lo vamos a volver a vivir tal y como fue”. Y sin embargo, comenta Cristina, “buscas que perdure”.

Él se denomina a sí mismo como un sufridor, “una persona muy vulnerable, muy sensible, muy susceptible, todo lo siento a flor de piel. Si conozco a alguien y me enamoro todo lo demás es ajeno, vivo ese momento como si fuera el último de mi vida. Si esa persona o yo empiezo a sentir otras cosas, el vagón cae en picado, y luego vuelve a subir, y luego a bajar.” Para él la vida es eso, un ir y venir de emociones. Es un hombre que habla con facilidad sobre el amor y el desamor.

La Montaña Rusa está compuesta por 11 canciones. Podemos escuchar cantando a Dani Martin en un principio ese verso en el que habla sobre los inicios de una relación y lo excitante que puede llegar a ser (Ahora me emociona, que te ponga tonta. Y tu falda para poderla subir), para terminar hablando de lo decepcionante que puede tornarse (Ya no me emociona, que estemos a solas. Ni escucharte que esto dure hasta morir. Ya no me emociona, tu faldita corta. Y que me hables cuando vamos a vivir). Y esa canción ´Ahora´, “es la conclusión y la explicación del disco, de lo que me pasa cuando veo a alguien y me revienta el corazón, y luego teniendo las mismas virtudes, se apaga, y hasta las virtudes, como digo en ´Paris´, son los defectos más importantes que le ves”.

Para concluir diciéndole a Arancha Moreno: “Es como cuando empiezas a vivir con alguien, lo pienso a veces: un chico no levanta la tapa, la mea y a los tres meses a la chica le hace gracia. Al año siguiente, le dice: “Hijo de puta, ¡baja la tapa!”. Esa es la realidad de la vida. Al principio te hace ilusión hasta que se meen en la taza y luego, te jode”.

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