El arte de hacer música

El arte de hacer música

Por: Pedro Pineda

Por definición, la música es el arte de combinar los sonidos en una secuencia temporal, de acuerdo a las leyes de armonía, melodía y ritmo. Producidos por los instrumentos, se genera un producto estético, expresivo y resulta agradable al oído, al menos ese es el objetivo.

Dentro de la música existen decenas de géneros y subgéneros, tal vez cientos, sin embargo, no toda persona acepta cada tipo de música. En este, como en todas las formas del arte, hay gustos, no obstante, cuando la música no se hace con el fin de demostrar la belleza del arte sino de demostrar quién vende más, la cultura detrás de cada pista sonora está influenciada por la moda.

El hecho de que la mercadotecnia influya en cómo desarrollar este arte, indica que ahora la música, a diferencia de las épocas del folclor mexicano, ya no produce valores o sentimientos. Tal vez sí, pero pongo un ejemplo, ¿el reggaetón?, género que, de antivalores y morbo, llena los oídos de sus aficionados, no está dentro de este campo artístico del que se pueda disfrutar. Sin embargo en un país como México, donde la educación está por los suelos (último lugar en países que integran la OCDE) no existe esa costumbre de conocer el arte, para muchos sectores es inaccesible.

Seguramente se extrañan esas épocas donde la música era el motor de los movimientos sociales, cuando el sonar de un instrumento tocaba las fibras más sensibles de un ser. Otro ejemplo, el rock, género que se utilizó como herramienta de protesta y defensa ante diversos contextos de la sociedad, mayormente conformada por jóvenes. Quienes buscaban en las letras de las canciones la expresión de sus ideas. Rock significaba unión, expresión y la forma en que se daba voz a un sector inconforme de gobiernos represores y autoritarios.

Entre los años 50 y 60, los grupos que se dedicaban a escuchar rock iniciaron una corriente musical que llegó a identificar a miles de personas en México. Principalmente influenciados por Inglaterra y Estados Unidos, el país tomó este género como estandarte de lucha, cambio e identidad.

La respuesta al por qué se está perdiendo la magia de la música tiene que ver mucho con la poca accesibilidad que tienen las personas en acercarse al arte. Supongamos que una familia promedio de 4 personas quiere presenciar un concierto de una orquesta sinfónica, los boletos más baratos están en 299 pesos, en total serían mil 196 pesos, con el salario mexicano (73.04), se tendrían que producir 16 horas de trabajo, pero las familias comen, gastan para que los hijos tengan educación, necesitan pagar servicios, no alcanza para acercarse al arte.

Ahora el Gobierno ha implementado eventos gratuitos para que las personas conozcan la música, la danza, pintura o literatura, sin embargo no existe esa motivación para acercarse al arte, no es interesante porque el mexicano sólo busca entretenimiento de baja calidad. Es simple, si en el zócalo de la Ciudad de México hicieran un evento de Música clásica y otro de la Banda MS (agrupación de música banda sinaloense), la segunda opción sería la más abarrotada.

Pero la música es un elemento fundamental de la cultura mexicana y de todas las culturas en general, pero principalmente en este país, desde el rock (clásico y el actual) hasta los sones indígenas, pasando por el mariachi y la música prehispánica, el México contemporáneo se ha visto afectado por la moda y recalco este punto, las nuevas caras de la música no entregan nada nuevo, y digo caras porque de voces ya no tienen nada, son pura producción de estudio.

Sería valioso rescatar o reposicionar al arte musical más emblemático de México, los sones, que identifican a las zonas rurales y que mezclan técnicas indígenas donde algunos de los más famosos se convierten en cultura general de la sociedad; el son jalisciense, el huasteco o el tan famoso son jarocho.

No obstante, es triste reconocer que el patrimonio musical mexicano se está perdiendo constantemente y más abajo trataré de dar una idea del por qué. La tradición de los instrumentos está siendo cambiada por los sintetizadores, los Djs o la moda de la música de banda, que sí utilizan instrumentos, pero hablar de mujeres, narco y excesos no es digno de llamarle arte.

La música contemporánea acapara los medios de comunicación, la difusión del arte está por los suelos, pero también puede ser a causa de la misma gente, que se conforma con lo mismo día a día; que si el Top 10 de música pop, las famosas Boys bands que son más apariencia física que voz, que si el reggaetón se fusiona con el pop. Música que no es música, arte que no agrada a la gente por el simple hecho de no tener millones de seguidores.

En México no se pierde al arte, no se pierde la música, se pierde la gente que ama al arte, se pierden las mentes brillantes creadoras de magníficas pistas sonoras capaces de superar lo comercial o es la audiencia quien las rechaza. No dan oportunidad a músicos que conservan el legado indígena musical. Aquellos jóvenes que sueñan a ser músicos y esos mismos sueños se ven destrozados por los monstruos de la mercadotecnia, no hay difusión ni oportunidades para lo nuevo. Se tiene que rescatar es arte de hacer música.

Share This: