Dios en la tierra y en el cielo

Ana Paulina Flores Ávila

Faltan cinco minutos para las seis de la tarde, la gente camina con prisa por el súper mercado, unos con canastas, otros con bolsas de plástico y unos requieren el carrito metálico para poner el mandado; la música de fondo y los murmullos hacen un ruido ambiental bastante alto.

La gente camina con el rumbo preestablecido, directo a lo que necesitan, algunos acompañados, otros solos, pero todos están llevando la despensa. Justo a las 17:59  suenan tres campanadas, las conversaciones se convierten en murmullos, los pasos apresurados en una pausa notoria, al terminar el tintineo el espacio queda en un paro total, nadie se mueve y nadie habla: comienza “El rezo”.

 

Cebú es una ciudad filipina situada en la región de Bisayas Centrales. Es el segundo centro económico y mercantil más importante de Filipinas, además de ser una de las islas más religiosas de la zona, el catolicismo está en su máximo esplendor y lo viven en autenticidad, con rigor y con una fe que se sale de la iglesia de cemento, pues creen fielmente que Dios está en todas partes y se le puede rendir culto en cualquier lugar.

El rezo es un evento peculiar en el momento en el que todo el espacio queda en absoluto silencio y las personas fijas, el escenario se vuelve parecido al juego infantil “un, dos, tres: calabaza” en el cual los jugadores se deben quedar quietos como estátuas pase lo que pase.

El tiempo transcurre de forma relativa no se sabe si ha pasado un minuto o dos, pero es bastante incómodo pensar en moverse cuando nadie lo hace, ni los ciudadanos locales ni los extranjeros ni los trabajadores, al tratar de escuchar con atención la grabación, pareciera un padre nuestro, pero esta en cebuano, el idioma local de la región y es imposible entender al cien por ciento cada una de las palabras.  Finalmente, todo concluye y al unísono se escucha “amen”, en el momento exacto de la pronunciación de la letra n, todos regresan a moverse, a platicar, las cajeras que se habían quedado a la mitad de una cuenta continúan, las personas que iban a entrar al elevador se suben, los pasillos cobran actividad de nuevo, pues el rezo ha quedado atrás hasta el siguiente día.

Este acto único de la región sucede en todos los centros comerciales de Cebú en punto de las 18:00 horas, no importa la religión o creencia, si se es turista o se va de paso, el rezo es el momento sagrado en el cual se agradece a Dios de una forma coloquial, común y fuera de la iglesia.

Otra forma de alabar al Señor fuera del templo son las misas callejeras, éstas son sábados y domingos a las 11:00, 13:00 y 17:00 horas en diferentes puntos de la ciudad, como son las plazas comerciales, parques o incluso en el aeropuerto.

El altar se arma en ese momento, con unas bocinas y una lista de reproducción prediseñada, se monta el ambiente del templo, la gente se reúne para escuchar la palabra de dios sin la necesidad de asistir a un lugar, como va a avanzando la celebración llegan algunos curiosos que terminan de escucharla y toman la comunión para bendecir su día.

Cebú es un lugar distinto con la forma de mostrar su religión, son católicos por haber sido colonia española, heredaron las festividades y la cultura, tienen imágenes de santos tan similares a los mexicanos como la Virgen María o el Santo Niño, a los cuales les rezan igual y veneran de forma parecida a la de nuestro país.

Los cebuanos buscan mostrar su amor a dios en todas las acciones que puedan realizar en tributo a él, por ello las misas y el rezo dan a entender que la iglesia son todos al rezar, alabar y venerar dentro y fuera de las cuatro paredes del templo sagrado.

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