Cuando las torres miran hacia abajo

Por Mariel Huerta y Miguel J. Crespo

Javier Quintanilla tiene 80 años y recuerda que cuando era un niño se divertía jugando futbol con sus amigos entre las calles de lo que hoy es la colonia Granada, en la delegación Miguel Hidalgo. “Se siente raro acordarse. Antes no había Plaza Antara, ni museo Soumaya, ni Acuario (Inbursa), ni había tanta gente”, dice Javier mientras lleva sus ojos grises hacia arriba hasta casi quedar en blanco, después su mirada se pierde de forma nostálgica entre las torres de veinte niveles y con su voz suave, casi dulce, enfatiza que tiene más de 50 años de vivir en lo que hoy es conocido como “Nuevo Polanco” y que, según él, no se parece nada al lugar donde jugaba y caminaba para ir a la escuela.

Nuevo Polanco está conformado por las colonias Granada, Ampliación Granada e Irrigación, en la delegación Miguel Hidalgo. La zona comenzó a crecer en la década de 1920. Su ubicación, colindante con las vías del Ferrocarril de Cuernavaca y con el entonces caudal del Río San Joaquín, la convirtió en una importante zona industrial de la Ciudad de México.

En sus lotes se irguieron grandes fábricas de empresas como General Motors, Chrysler y Grupo Modelo. Actualmente, las viejas chimeneas y los edificios industriales han sido reemplazados por centros comerciales, lujosos complejos residenciales, museos, restaurantes, spas y grandes torres que provocan que Don Javier se sienta raro al recordar el lugar que alguna vez estaba en las “afueras del D.F.” y en donde le gustaba improvisar canchas de futbol callejero.

La manzana más grande de la colonia corresponde al Sanatorio de la Beneficencia Española, ocupa 13.54% de la superficie total de la Granada y mide 19.34 hectáreas, es decir 193 mil 400 metros cuadrados. En ella cabría tres veces el Estadio Azteca.

De acuerdo con el Director del Instituto Mexicano de Urbanismo, Richard de Pirro, “en esta zona las manzanas son grandes porque fueron planeadas

específicamente para un uso industrial, es por eso que se tienen problemas con las banquetas y vialidades para los peatones”.

“Muchos sufrimos para pasar sin miedo a ser atropellados”, reclama Alberto Serdán. Desde que es vecino de Nuevo Polanco, Alberto ha enviado decenas de quejas a las autoridades delegacionales en busca de una solución para calmar los nervios que siente al tener que cruzar los cuatro carriles y dos camellones de la avenida Ejército Nacional sobre líneas peatonales que ya están difuminadas.

La misma Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) admitió en un comunicado en 2015 que son varios los problemas de movilidad que afectan a la zona: “hay muros ciegos, enrejados, obstrucciones en accesos principales, falta de rampas, mala señalización, deficiente alumbrado público y estacionamiento ilegal de vehículos, lo que repercute en caos vial, aumento de la inseguridad, empeoramiento de los servicios de agua y electricidad, y un marcado cambio en la movilidad peatonal, lo que pone en riesgo la integridad física de las personas.”

De acuerdo con el último informe sobre seguridad vial en México, realizado por el Consejo Nacional de Prevención de Accidentes (CONAPRA), 16 mil 830 accidentes viales ocurrieron en el Distrito Federal hasta el año 2013 y el 10% de ellos se registró en la delegación Miguel Hidalgo. Esto significa que en mil 683 percances viales murieron 967 personas por atropellamiento.

Hasta ahora, Alberto y otros vecinos preocupados sólo han conseguido que la delegación les proporcione algunos botes de pintura blanca y brochas para resaltar el cruce peatonal de la esquina de Ejército Nacional y Arquímedes, una de las más problemáticas de la zona. Les falta pintar 18 cruces más.

En México la planeación urbana ocurre al revés

El Plan de Actuación por Cooperación de la Seduvi propuesto para la zona de Nuevo Polanco indica que la población flotante este año ascendió a casi 45 mil personas diarias. Las calles que rodean las colonias Granada, Ampliación Granada, Irrigación, Anáhuac y Anzures se han convertido en algo parecido a un

estacionamiento, pues los casi 45 mil vehículos de 45 mil personas que circulan en Nuevo Polanco, llegan desde sus 45 mil hogares en otros puntos de la ciudad a realizar sus actividades laborales o de ocio y provocan un caos lleno de claxons y contaminación que perjudica a los vecinos.

De acuerdo con el mismo plan de la Seduvi, se estima que para el año 2020 la población flotante de Nuevo Polanco crezca tanto que alcance las 154 mil personas diarias, más de tres veces la cantidad de gente (y tráfico) que saturan el área hoy. El documento también informa que esta zona “no cuenta con reservas territoriales para el crecimiento horizontal, ya que el grado de urbanización es del 100%”. Es decir que ya no se pueden hacer construcciones de manera horizontal, porque la gente ya no cabe, lo que da lugar a los altos desarrollos de más de 20 niveles que contrastan con las viejas y pequeñas viviendas de las colonias vecinas.

Richard de Pirro detalla que una de las limitantes más grandes de Nuevo Polanco es la falta de opciones de transporte público. Según el especialista, esta carencia afecta la movilidad en la zona y evidencia una mala planeación urbana, ya que primero debe existir una infraestructura pública y de servicios, luego se construye la vivienda y al final se habita. “En México, la planeación urbana ocurre al revés: primero se construyen los desarrollos habitacionales, después llega la gente y por último la infraestructura pública. Esto provoca problemas de movilidad como los que se presentan en Nuevo Polanco” asegura de Pirro.

Pero, a pesar de sus problemas de urbanización y movilidad, la popularidad de esta zona creció muy rápido, como las colonias Roma y Condesa, pues su cercanía con Polanco la hace una de las más solicitadas por estudiantes, pequeñas familias de clase media-alta y extranjeros.

Según Patricia Enriquez, consultora de bienes raíces especializada en Nuevo Polanco, muchos de sus clientes que trabajan en esta zona tienen problemas para llegar, por lo que quieren vivir lo más cerca posible de sus empleos. “Cuando ya estás viviendo aquí es muy padre, porque tienes restaurantes, supermercados, iglesias, centros comerciales, uno que otro parque, museos, cines y Polanco cerca, pero para entrar te atoras en el tráfico casi a cualquier hora”.

La plusvalía de esta nueva zona ha sido de las más desenfrenadas de la Ciudad de México. El precio del metro cuadrado en 2004 rondaba entre los 400 y 500 dólares. Ahora, poco más de una década después, el precio del metro cuadrado en Nuevo Polanco se multiplicó hasta diez veces y se vende en al menos 4 mil dólares.

En opinión de Richard de Pirro, el aumento en la plusvalía de los inmuebles de esta zona puede convertirse para los propietarios en una especie de fortuna, pues asegura que de no vender ahora, el precio seguirá aumentando, ya que de todo el suelo libre de construcción apenas se ha desarrollado un 30 por ciento.

Según un estudio realizado por la agencia inmobiliaria Lamudi el año pasado, el sueldo promedio ideal para vivir en Nuevo Polanco, tomando en cuenta los gastos de renta y servicios, es de $74,430 pesos mensuales.

Crecen asaltos en la colonia más vigilada

Sin embargo, vivir en Nuevo Polanco también implica pagar un precio social. Construir grandes y lujosos edificios residenciales, centros comerciales y oficinas en una zona industrial junto a contrastantes colonias populares ha disparado los índices de delincuencia y crea un ambiente propicio para el desplazamiento de cientos de personas que no pueden hacer frente al alza constante del precio de servicios y rentas.

La noche del pasado 18 de mayo, alrededor de las 10:00 P.M., Jorge N cubría su turno como cajero del Oxxo ubicado en la esquina de Arquímedes y Ejército Nacional cuando dos hombres armados entraron al establecimiento y amagaron a Jorge, a los clientes los metieron a una bodega, vaciaron la caja registradora y se llevaron botellas de licor y cajetillas de cigarros. Después huyeron a bordo de una motocicleta que los esperaba afuera del Oxxo. Éste era su tercer asalto en el mes.

Semanas después, patrullas de la Ciudad de México realizaron operativos de vigilancia en la zona, debido a constantes reportes de asaltos con el mismo modus operandi en las tiendas Oxxo de Nuevo Polanco.

Jorge N cuenta que, finalmente, escuchó de la policía sobre la detención de tres hombres en la colonia vecina Pensil, a sólo unas cuadras del establecimiento donde trabaja y a quienes se les incautaron carteras, teléfonos celulares, drogas y dinero en efectivo.

Aunque las autoridades de la delegación Miguel Hidalgo aseguran que la zona de Polanco y sus inmediaciones es de las más vigiladas de la Ciudad de México, el director general de Seguridad Ciudadana de esta delegación, Noé Camacho Mendoza, asegura que “los delitos más comunes en las 10 colonias de Polanco son: robo a casa habitación, asaltos a transeúntes y cuentahabientes” los cuales, según los registros oficiales, van a la baja.

En contra de las estadísticas oficiales que promueven una baja en los índices delictivos de esta zona, la coordinadora del comité ciudadano de Polanco-Reforma, Ignacia Morán, cuenta que “en la avenida Arquímedes, en los cruces con Homero y Ejército, se concentra mucho el tráfico y es ahí cuando aparecen los rateros en motos o a pie, sorprenden y roban a los automovilistas, a quienes les quitan relojes, laptops o carteras”.

Bajo un árbol en la banqueta de la calle Lago Meru, cerca del Hospital Español, se reúnen todos los días Constantino, Alejandro, Jorge y Elías, los porteros de cuatro edificios de departamentos de la cuadra.

Constantino cuenta que todos los guardias de esta calle se han puesto de acuerdo para establecer rondines de vigilancia, pues han detectado que por las noches llegan personas encapuchadas a sentarse en el estacionamiento de una escuela que está en la esquina, se quedan varios minutos y se van.

Los porteros sospechan que se trata de una banda de delincuentes que roba vehículos y asalta a los vecinos antes de que entren a sus edificios. Según cuentan,

un vendedor de quesos les dijo que hace unas semanas los guardias de una calle cercana vieron a las mismas personas observando durante noches un edificio, días después una familia fue asaltada a mano armada a escasos metros de su departamento.

“Ya se metieron una vez al estacionamiento de mi edificio”, platica Alejandro. “No se pudieron llevar nada porque escuché ruidos y logré verlos, pero se fueron corriendo y no los alcancé”. Según Alejandro, la policía ya había recibido varios reportes similares y tenían la hipótesis de que los delincuentes vivían en las colonias populares del otro lado de la avenida Río San Joaquín.

Al menos once edificios de la calle Lago Meru han instalado sistemas de alarma, cámaras de vigilancia y puertas de acceso controlado. Además, varios vecinos han solicitado la presencia permanente de patrullas en distintos puntos de la colonia.

Del Saks a la “vulca”

El paisaje de Nuevo Polanco evidencia un contraste urbano entre dos niveles de vida. Detrás de Plaza Carso, una mini ciudad con tiendas exclusivas como Saks, galerías de colecciones de arte privadas, oficinas de grandes corporativos y restaurantes de cortes finos, se sitúa una de las zonas más marginadas de la delegación Miguel Hidalgo.

Los establecimientos de lujo y las calles recién pavimentadas se convierten en vecindades y pequeños negocios como vulcanizadoras, depósitos y bodegas sobre calles sin alumbrado, tan angostas que apenas permiten el paso de los vehículos.

Según Patricia Enriquez, las autoridades delegacionales fortalecerán la vigilancia y realizarán más operativos de seguridad a partir del próximo año, pues se proyecta que inicie la construcción de la nueva embajada de los Estados Unidos en un predio que antes pertenecía a una fábrica de Colgate-Palmolive, S.A. en la calle Presa de la Angostura, en la colonia Irrigación.

En comunicados anteriores, la embajada estadounidense señaló que el nuevo terreno de más de seis hectáreas en Nuevo Polanco fue elegido por “su proximidad con las oficinas de gobierno, servicios y grandes áreas residenciales”.

“Yo creo que no tardan en mover a toda la gente de las colonias de atrás”, mencionó la consultora, “viene mucha gente de fuera y debe quedar todo bonito”.

Don Javier Quintanilla está parado frente a su residencia en la calle Sócrates, justo en el límite entre el viejo y el nuevo Polanco. Cuando le pedimos que nos describa cómo era antes este lugar, antes de Plaza Antara, antes del Acuario (Inbursa), antes de que las torres lo vieran hacia abajo... frota sus manos y la mirada que se esconde detrás de sus párpados arrugados enfoca el museo Soumaya, luego mira hacia el último piso del desarrollo residencial de Plaza Carso y dice “ya ni parece México, se ve muy futurista, ¿no?”

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