Anarquía y música consciente

“Somos anarquistas, enemigos del estado. No queremos vuestras leyes ni tampoco ser explotados..”
Extracto de la canción: “Ni dios ni amo” de Los Muertos de Cristo.
Por: Stephany Reyes

Anarquía en la piel y el corazón

La anarquía como el orden del caos, como filosofía de vida, como parámetro y un recordatorio de tinta en la piel. Lorenzo Morales de 55 años, lleva en cada uno de sus pasos la firme convicción de no someterse a las reglas y los lineamientos de naciones capitalistas e imperialistas. Sabe perfectamente que el andar no es fácil. Cada marca en su rostro recuerda el hecho de que los años no han pasado en balde para él, pero que sin duda hace y seguirá haciendo las cosas como siempre lo enuncia: “A mi manera”.

Lorenzo. El rostro detrás del maquillaje

Vocalista de una emblemática banda de punk española, Lorenzo Morales detesta los sobrenombres de: líder, estrella o figura pública. El mensaje que Los Muertos de Cristo, ahora El Noi del Sucre, banda anarquista con la cual Lorenzo difunde un mensaje libertario, es la cuna de muchos de sus sueños. Se trata de la punta de lanza que necesitaba para gritarle al mundo todo lo que no estaba bien, todo aquello que se encontraba doblegado bajo el yugo de la desigualdad y las problemáticas sociales y sobre todo, el escaparate al estigma de que una banda de música posicione en calidad de semidioses a los integrantes. Lorenzo el anarquista, el sindicalista, el obrero, el cantante, el cineasta y el escritor se funden con el mismo que es amigo, colega, compañero e incluso padre. Cualquiera pensaría que por el tipo de música con la que camina en el mundo, se trata de un sujeto rudo y frío. Pero no, se trata del mismo hombre que deja que sus ojos se inunden de la misma manera cuando menciona la palabra anarquía que cuando habla de los logros escolares de su hija la más grande. Se trata de un hombre con la firme convicción de mover los pies al mismo ritmo de su cabeza, el corazón y las ideas.  
Anarquía musicalizada. Cortesía: Youtube.

La desigualdad despertó la rabia

Utrera, Sevilla. La pequeña provincia que lo vio nacer y crecer en medio de discursos post franquistas y de vanagloria a la corona española. Descendiente de familia de clase baja, no tuvo acceso a la educación en tiempo y forma, pero jamás dejó que eso fuera un impedimento para continuar aprendiendo. Lorenzo recuerda su infancia como uno de los trayectos más benévolos y de gran aprendizaje en su vida. Su abuelo forma parte importante de sus pensamientos revolucionarios, pero la crisis económica en la que vivía sumida su familia lo empujó a las calles a buscar medios para producir bienes a cambio de un sueldo. Lugares que lo confinaron a la explotación pero también a la apertura de consciencia y el deseo rabioso de vivir sin un régimen impuesto. “La vida jamás será como uno quiere si jamás busca sus propios medios para conseguir el objetivo” Lorenzo recuerda esta frase de su abuelo, quien tuvo gran influencia en sus ideas insurrectas. El vocalista del grupo que ha marcado corazones y conciencias más allá de sus fronteras, posee un brillo en los ojos cuando habla de la época en la que se cimientan los sueños. Su cuerpo carga cicatrices de explotación, trabajos rudos, pizca y electricidad, ductos congestionados y maderas talladas. Él menciona: “jamás le he tenido miedo al trabajo, me da miedo querer salir adelante y no mover un dedo por ello”.
Lorenzo Morales en concierto. Cortesía: Wegow.

Anarquía satírica

Los Muertos de Cristo vieron la luz en 1989, iniciando su crecimiento a partir del trabajo colectivo de sus integrantes. Impulsando su proyecto a través de la autogestión, han caminado por un sendero difícil; ellos mismos producen sus discos, los ilustran, distribuyen y promocionan al compás de la insumisión y la utopía. Las giras que han emprendido a nivel mundial han sido marcadas por la controversia, la censura y la represión; evidentemente es un grupo con ideología política que incomoda a muchos con su mensaje revolucionario. Ahora han abandonado el nombre de “Muertos de Cristo” y circulan por el mundo con “El Noi del Sucre” que mantiene la esencia y el deseo de anarquía sabia y poderosa. “Lorenzo no es un pensador que sueña despierto, se trata de un hombre con la firme convicción de dejar huella no para ser venerado, sino para heredar el fruto de su esfuerzo” menciona Manuel “Borrego”, guitarrista de la banda y gran amigo del personaje que se pinta la cara como payaso a manera de mofa. Lo mismo viste uniformes del ejercito español, la indumentaria de Ronald Mc´Donalds o el vestido de Blanca Nieves para realizar una severa crítica de los grandes vicios de la sociedad que se condena cada que enciende la televisión o consume productos que nacen del pesar ajeno.
Lorenzo Morales en concierto. Cortesía: Paloma Novo. Insonoro.

Nuevos horizontes, misma meta

“Cualquier noche puede salir el sol. Cada catástrofe personal puede representar una nueva oportunidad para flanquear la personalidad y salir avante” Menciona El Noi del Sucre (“El chico del azúcar”), sobrenombre tomado en honor al anarcosindicalista catalán, Salvador Seguí con el cual se siente identificado plenamente. Su mirada es firme y directa, imposible de confundir tras el maquillaje. Lorenzo está plenamente convencido de que las generaciones que ha tocado con su música han tomado parte de su discurso para llevarlo a su vida diaria y considera que con ello su agrupación ha cumplido un fragmento de su cometido.

La piel, el sudor y la sangre anarquista

El cantante comenta: “La anarquía no es una moda, no es una remera con letras indescifrables, ni un pantalón roído por los desastres causados enfundado en él. Se trata de una filosofía de vida, una forma congruente de vivir y que nuestra existencia no sea menester de nuestros iguales. Se trata de derribar fronteras, banderas y poderes que oprimen nuestra existencia, para poder vivir libres, sin necesitar que alguien nos diga eternamente qué hacer y cómo actuar”. Argumenta firmemente que mientras cada humano siga con una necesidad proteccionista, la emancipación será simplemente un sueño obreril. 28 años de trayectoria musical , 58 de humano, y una eternidad proyectada en su mente. El hombre que en un campo de aceitunas soñó con abrir mentes con su mensaje, hoy mira el fruto de su esfuerzo reflejado en hacer lo que a él le gusta....“Y lo hago completamente, a mi manera”, afirma con el poder de la palabra guardado en su firme voz que le canta a la libertad.

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