El amor en los tiempos del espectáculo

El amor en los tiempos del espectáculo

Por: Gerardo

Sé que el título parece algo pretencioso al fusionar los nombres de libros de dos genios de la literatura como lo son Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, pero, citando de manera indirecta a este último, lo hemos banalizado a tal grado que parece ya no ser un tema serio o algo que resultaría peor, lo tomamos a fácil, pues aparentemente tenemos tantos medios para la comunicación con otros humanos que la lejanía no es problema, además de haber generalizado lo que en épocas antiguas (hablando de Grecia, Roma, Tenochtitlán y la edad del oscurantismo) era considerado sagrado y prohibido.

El alcohol, la lectura, educación, el sexo y la música eran parte de los ritos peligrosos  y temas que no se hacían a la ligera, pues alimentan y envenenan el alma según se consuman, existen miles de marcas de licor, millones de libros y canciones, hablan de cualquier cosa, amor, odio, Dios, Satanás, comida; guerra, lo que sea, todo a un alcance tan fácil que nos ha vuelto perezosos, tanto que preferimos las cosas fáciles, libros cortos y sin complejidad, canciones sencillas, una cerveza del refrigerador y amar a quien se deje, no a quien se procure, lo que si es difícil de cambiar y algo esencial dentro de nuestro sentimiento mexicano, es el Amor a la madre y el amor de una madre, que en un principio es el primer avistamiento del ser humano con el sentimiento añorado.

Tomando en cuenta aquellas charlas de diálogos de Platón en donde cada participante daba su postura sobre el amor, sé de antemano qué hay infinidad de creencias sobre él, pero basándonos en esa intimidad sentimental que manejaban los seguidores de Sócrates, nos encontramos en un momento donde el sexo casual e inclusive virtual, han desvirtuado el proceso carnal en algo meramente instintivo.

La idealización de la persona es algo que siempre ha existido, en la actualidad hemos creado una manera nueva, nos podemos enamorar de las ideas obtenidas en redes sociales llegando a querer sin siquiera conocer al individuo en persona, desafiando las ideas shakespeareanas del amor a primera vista observado en Romeo y Julieta, pues ahora ni siquiera necesitamos verles, cosa que ha deteriorado la manera de generar intimidad, refiriéndome a la confianza de poder ser uno mismo con el otro, aparentando ser un medio que acerca, nos ha alejado de nuestro lado humano, perdiendo inclusive esa sensación de pertenencia con el otro de una manera sana, volviendo celosa e instintiva a la persona, el sexo es tan normal, que el romanticismo, deseo y coqueteo se ha vuelto vulgar a un punto de simplificar una relación en una noche, como animales en la estepa atrapados por la necesidad de reproducción.

Siendo mexicanos somos parte de esta cultura digna del siglo de oro del cine nacional de enamorar vía serenata, es decir, por medio de la música. En tiempos de Pedro Infante el mariachi, las letras desgarradoras y el alcohol venían muy de la mano, para explicar el mariachi debemos remontarnos a su origen, a finales del siglo XIX Porfirio Díaz tenía la idea de promover lo mexicano, en aquel entonces el mariachi solo contaba con instrumentos de cuerdas, por lo que el ex presidente de México solicitó se le añadiera algo para darle fuerza, es ahí cuando se le agregaron las trompetas, provenientes de Europa para ser exactos de Alemania ( la banda sinaloense tiene su origen en instrumentos alemanes), gracias a ellos logró tener esa estridencia en su sonido, para otros gustos existían músicos como Agustín Lara que basándose en escalas musicales ( principalmente Do por ser más adaptable a las voces) y letras románticas y melancólicas, eran la manera de enamorar a la joven en los años 50.

Es esta melancolía la que tanto mencionó Octavio Paz, es la característica de la música popular nacional, pero en cuanto a la dificultad de tocar las piezas, quedamos muy rezagados, es decir, si comparamos la musicalización de una canción de José Alfredo Jiménez con una de las obras maestras de Wagner, cualquier estudiante de conservatorio se reiría del músico guanajuatense. Decir que en la antigüedad y en la actualidad la música es exclusiva para el amor es mentira, pero podría decir con certeza que la música no se crea sin cierto amor por ella, la banalidad en la que ha caído es tal que ahora canciones de cuatro acordes son las que gustan del público, y peor aún existen críticos y periodistas musicales que no tocan ningún instrumento, cosa que no satanizo pero si hago mención porque a gusto personal por lo menos deberían distinguir las notas de lo que escuchan.

La alienación es un concepto que McLuhan acuñó y Sartori retomó, ellos lo enfocaron más a la visión de un hombre mecánico, pues somos pensadores mecánicos con instintos animales, su visión era un hombre gobernado por los medios tecnológicos, regido por lo que sus aparatos creyeran convenientes, de esta manera hemos perdido el tiempo de reflexión, somos consumidos por el tiempo del trabajo o la escuela y rematados por nuestro tiempo en la red, Carlos Scolari en su texto sobre las hipermediaciones asevera que no es del todo malo, pues nos da la oportunidad de visualizar el mismo objeto o acción a través de los diferentes medios que existen, pero el maestro rosarino jamás ha expresado como influyen en el amor, es decir, los gustos populares son más una reacción en cadena que de un verdadero agrado del individuo.

Sin afán de sonar repetitivo, nuestro gran problema es la facilidad de obtener todo, con un clic tenemos acceso a tanta información que supuestamente nos mejora la vida, pero simplemente se queda en facilitar, volvernos flojos hasta para hablar, lo que sea parecido y más veloz a menor esfuerzo, es lo que el homovidens de Sartori elegirá, o a lo griego, el animal político cada vez es más animal y menos político, menos hombre, más bestia o más máquina, perdemos la autonomía evolutiva u otorgada por autoridad divina , como se prefiera ver, la manera de conocer el amor ha pasado a ser un ideal creado por las nuevas mentes, que lo simplifican y tratan de hacer sencillo, se conocen, tiene relaciones, se enamoran y viven felices, quitando lo trágico y dramático de la vida real, del mundo palpable que jamás podrá ser un ideal, es algo vivencial.

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