¿Al final de qué?

Hay personas que no viven la vida y están tan cercanas a morir como nadie. Ésta parece ser la idea que la ópera prima de Agnieszka Wojtowicz-Vosloo, "After.Life", busca transmitir.

Una hastiada maestra de primaria (Christina Ricci) sufre un accidente automovilístico y termina en la plancha de una funeraria donde el encargado (un obsesivo compulsivo Liam Neeson) le preparará para su funeral y platicará con ella gracias a un supuesto don que le permite ayudar a los recién fallecidos en su transición al más allá.

Nada convencida de que ha muerto y escéptica del poder de Eliot Deacon, Anna, sostiene conversaciones con él en las que suplica, cuestiona, pide pruebas y busca consuelo por su trágico destino.

Mientras tanto su novio Paul (Justin Long) trata de sobrellevar los días que siguen a la pérdida de su casi prometida.

Si bien es difícil asustar a las audiencias contemporáneas por un gran número de razones entre las que destacan la insensibilidad y la paupérrima capacidad de asombro que nos queda, creo que este filme no acertó ni una vez.

Debido al desarrollo brevísimo de la introducción, recursos baratos del género en su expresión serie B, pobres actuaciones por parte de Ricci y Long además de insignificantes vínculos con los personajes y arritmia narrativa, en ningún momento se crea una preocupación o interés genuino por ninguno de los protagonistas.

Lo único rescatable es la sensación claustrofóbica que acompaña a las pláticas entre Anna y Eliot y que logra por completo proyectar levedad e impotencia. Fuera de ello se puede asegurar que Wojtowicz-Vosloo no tiene noción de cómo crear una atmósfera que separe la atención de la realidad y que involucre en la historia.

Si la realizadora piensa que contar historias a través del séptimo arte es su vocación, bien podrían enterrarla de una vez.

Esta cinta se estrenará el viernes 24 de junio con el título "Después de la vida".

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